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La contaminación vehicular y los catalizadores (I)


 


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Es un hecho bien conocido el que los vehículos de combustión interna de cualquier tipo contaminan el medio ambiente, el aire que respiramos, en alguna medida. Algunos de los principales gases contaminante que arrojan a la atmósfera los vehículos que funcionan a nafta, gasolina o gasóleo (gas-oil) son el monóxido de carbono, hidrocarburos sin quemar, y óxido nitroso.

Sin embargo, no sólo son gases los que contaminan el aire, existen también partículas metálicas microscópicas que provienen principalmente del tipo de combustible empleado.

Actualmente, tanto a la naftas como al gas-oil se le agregan determinados aditivos para mejorar su octanaje (potencia), reducir las "detonaciones" en los cilindros, etc. Dichos aditivos lo constituyen habitualmente en distintas proporciones los mencionados metales pesados que salen luego a la atmósfera al quemarse el combustible para generar el movimiento del vehículo.

El más tóxico y conocido de estos aditivos, y blanco de las principales críticas de ecologistas y defensores del medio ambiente, es el tetracicleno de plomo, componente de las gasolinas o naftas con plomo.

La función del plomo en el combustible es la de reducir su tendencia natural a las detonaciones (inflamación abrupta y adelantada de la mezcla dentro de los cilindros).

En la Unión Europea, a los automóviles y demás vehículos a gasolina o nafta con plomo en principio se les obligó a incorporar un dispositivo, inmediatamente anterior al tubo de escape, llamado catalizador. Aquellos coches que no lo tenían, y querían usar naftas con plomo, debían incorporarlo obligatoriamente.





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