El Gea

Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado (III).

Por José Luis Rodríguez

Segundo período ordinario de secciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la VI Legislatura, del 23 de diciembre del 2003.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)



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Diez años después el contraste entre Cuba y aquellos países que adoptaron la política neoliberal diseñada para ellos desde Washington y para Washington con el nombre de "Consenso de Washington", es grande y aleccionador.

El fracaso del neoliberalismo, que es como decir la política funcional a los intereses de dominio del capitalismo transnacional globalizado, es hoy inocultable, evidente, estrepitosa.

Los ayer fervientes y orgullosos neoliberales sostienen en muchos casos sus creencias, pero no aceptan ahora ser llamados neoliberales, porque la repulsa popular y los fracasos prácticos han devaluado el calificativo.

En el cauteloso lenguaje de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas, se admite que a partir de 1980 en el desempeño económico y social de la región, hay que descontar la "década perdida" de los años 80, pero en los 90, después de algunos años de dudoso crecimiento, a partir de 1998 y hasta el actual 2003, comienza un "sexenio perdido", por lo que en términos de aritmética elemental resulta que, en 23 años de ciclo neoliberal en América Latina, se han perdido 16, lo que equivale a sacrificar en el antidesarrollo, la pobreza y la desesperanza a varias generaciones de latinoamericanos.

Lo ocurrido en el año 2003 en esta región es más de lo mismo.

El crecimiento económico que los neoliberales aseguraron sería impetuoso al liberar el mercado de las ataduras estatales, fue un anémico 1,5 por ciento, tratándose de economías en las que el PIB refleja la realidad económica con más precisión por su carácter absolutamente mercantil.

En los últimos seis años el crecimiento promedio ha sido de 1,3 por ciento, y el PIB por habitante es este año 1,5 por ciento inferior al de 1997.

El desempleo, que era muy elevado el pasado año, aumentó más aún hasta alcanzar 10,7 por ciento, lo cual se expresó, entre otras cosas, en que 700 mil personas se sumaron al ejército de desempleados urbanos, el cual asciende a más de 17 millones. Estas cifras, que dan cuenta de una tragedia laboral que desperdicia y rechaza al recurso productivo más valioso, esto es, la capacidad humana para trabajar, son pálido reflejo de una realidad aún peor, pues la estadística de desempleo es sólo urbana y en muchos casos no abarca más que las ciudades principales.





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