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Me dijo porque no trataba de hablarle al escritor Ernesto Sábato, ella se crió y vivió muchos años a tres cuadras de la casa del escritor en Santos Lugares y, me dijo Matilde que era una persona accesible y, me tome el San Martín para allí, frente al Club de Santos Lugares y toque el timbre de una casa con un jardín aparentemente no-cuidado.

Después de varias explicaciones y datos y referencias y motivos gritados desde la vereda, deje un numero de telefono y me fui pensando que todo terminaba allí y, no fue así, esa misma tarde me llamó a la oficina que era de mi amigo Juan Carlos Bisio, en la calle Corrientes y, que me había prestado para ver si salía adelante en mi profesión y, otros días se utilizó muchísimo para la revista que salió con el nombre El Despertador y la foto de Luis León en la tapa, para esta "aventura" Bisio se mando un equipo donde estaban Hugo Chumbita, Horacio Pilar, el "Chacho" Mendieta, Lelio Mármora, Balestieri, Carbone, Pancho Gaitán, Esteban Tancoff, Edgardo Galli, el pibe Longo - de Villa María - hasta anduvo por alli Martín García, el fallecido Audi y muchos más señalados también como siniestros tipos como yo, que querían que las cosas fueran mejor y de otra manera, como hoy.-

Eramos unos tipos que pujábamos por cosas "imposibles" como la justicia y la voluntad de las mayorías, como hoy, y hasta traíamos tipos que nos explicaban cosas que estaban ocurriendo en otros lugares, como una vez lo hizo el Dr.- Tangelson, que nos contó lo que pasaba con el concepto del trabajo en otros lugares y esas cosas de relativa importancia. Eramos tan estúpidos que éramos como decir ? digamos, felices. Y jóvenes aún.-

Era Sábato quien llamaba esa misma tarde, fue una gran sorpresa, me pidió muchas explicaciones, sobre quien era, a que me dedicaba, el porque quería encontrarme con él, hablé todo lo que pude con todas las referencias imaginables, porque me daba cuenta que existía desconfianza. Luego del diálogo, a los cinco minutos volvió a llamar, - para mi gran sorpresa- y con las mismas inquietudes ; yo me imagine un grabador del otro lado, y la necesidad de saber a que atenerse, pero tambien vislumbré interés y, me cito a su casa para el día siguiente y, fui, a la mañana, como a las diez, y toque el timbre y, otra vez el dar explicaciones desde la vereda y otra vez esperar, me pareció todo un tema. Por fin me dijeron que me vendría a buscar una señora, que lo hizo, que me hizo pasar, a una sala muy iluminada por luz natural, en cuyo fondo se veían plantas y una especie de jardincito y alli en las tres paredes anaqueles de madera común laqueadas en blanco, en estantes amplios y llenos y llego el escritor, y le explique todo de nuevo detalladamente y mis propósitos y mis ideas, las personales y las de otros y que pensaba de las comunicaciones y los contenidos, de la técnica y de esas cosas y que pensaba que una persona teñida de humanismo podía hablar de los llamados contenidos y todo eso en mas de quine minutos en que me observaba de pié, sin sentarnos. Hizo un segundo de silencio y, como hice un gesto para agradecerle que me recibiera ahí mismo me ofreció me sentara y me pregunto todo de nuevo y todo de nuevo lo dije, agregando lo que mis sentimientos me decían y, me miraba en silencio y se paró y salió, volvió al ratito y me despidió amablemente, pero sin ceremonia alguna pero con cortesía medida.





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