Eduardo J. Carletti

Los insectos (II).

Por Eduardo J. Carletti.


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Se conserva mejor o peor acusada la segmentación del cuerpo, que siempre aparece constituida por tres regiones, por lo común bien fáciles de apreciar: la cabeza, el tórax y el abdomen.

La cabeza es la región donde están colocados los principales órganos de los sentidos: ojos y antenas, así como también el aparato bucal; el tórax lleva articulados por debajo los tres pares de patas, que sirven para la marcha, la natación, el salto, etc., y por encima, cuando existen, los órganos del vuelo; y el abdomen, por último, suele presentar pocos apéndices en general reducidos a los que lleva en su extremo y que están más o menos relacionados con las funciones reproductoras.

Cada una de estas regiones está integrada por cierto número de segmentos. Así, la cabeza parece estar formada por una cápsula constituida por seis segmentos soldados, de los que cuatro, por lo menos, conservan sus apéndices en el insecto adulto: las antenas, las mandíbulas y los dos pares de maxilas. El tórax está integrado por tres segmentos, distinguibles sin confusión, que reciben los nombres de protórax, mesotórax y metatórax; y la región abdominal aparece asimismo constituida por varios segmentos, cuyo número típico es el de doce. Si sumamos todos los segmentos del cuerpo veremos que son veintiuno, número que alcanzan también algunos crustáceos, como el cangrejo de río, y determinados arácnidos (como, por ejemplo, el alacrán), y aun diversos artrópodos de otros grupos, por lo cual parece ser un detalle bastante característico de todos ellos.

Volviendo a la pared externa del cuerpo, conviene señalar que la superficie quitinosa no siempre es lisa o desnuda. Puede, por el contrario, presentar todas las variaciones imaginables, y además, en muchos casos, hallarse cubierta de pelitos o escamas. Conviene distinguir entre los primeros diferentes clases y sobre todo los que están provistos en su base de terminaciones nerviosas y actúan, por tanto, como órganos sensitivos. Las escamas, tan abundantes en las mariposas, así como en algunos tisanuros y colémbolos y en las alas de los mosquitos, son, en realidad, pelos modificados, que han sufrido un ensanchamiento. Por lo demás, no es raro encontrar formas intermedias que pueden situarse, como puente de empalme, entre el pelo y la escama.

La coloración de los insectos es debida a dos causas distintas: unos son colores pigmentarios, o sea, derivados de substancias que tienen la propiedad de absorber ciertas ondas luminosas, reflejando otras; pero los colores nacarados de las alas de muchas mariposas y los iridiscentes de otros muchísimos insectos son ocasionados por la estructura del tegumento, en unos casos, o de las escamas, en otros, que determinan fenómenos físicos de interferencia y quizá de difracción. Con frecuencia las coloraciones se deben, a la vez, a la presencia de pigmentos y a modificaciónes estructurales.





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