Eduardo J. Carletti

Los insectos (IV).

Por Eduardo J. Carletti.


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Los órganos bucales

Los órganos bucales son también muy variados. Pueden estar dispuestos para la masticación y trituración de los alimentos, o bien para la succión de líquidos; pero en unos y otros casos parecen corresponder a un tipo común. La disposición primitiva la conservan los masticadores en los que vemos que la boca está formada por un labro o labio superior, articulado sobre el epístoma un par de fuertes piezas o mandíbulas, de movimiento lateral y que carecen de palpo; y dos pares de maxilas, piezas menos fuertes que las anteriores provistas de palpos y de las que el último par está soldado en la línea media formando el labio inferior. Existe, además, una lengua o hipofaringe, que en algunos géneros primitivos lleva un par de piezas denominadas maxilulas o también placas superlinguales.

En los insectos no masticadores, los diversos órganos que acabamos de enumerar se modifican profundamente. En gran parte de los himenópteros, por ejemplo, el labro y las mandíbulas permanecen fieles al tipo normal, mientras que las maxilas y el labio se transforman para constituir un órgano lamedor. En las mariposas, el aparato bucal, que es chupador, toma la disposición de una larga trompa arrollada en espiral (de aquí el nombre de espiritrompa con que se la conoce), constituida por las maxilas, muy prolongadas y acanaladas por dentro, que constituyen un llamativo órgano de succión, al paso que las otras partes bucales aparecen atrofiadas, a excepción de los grandes palpos labiales; en casos excepcionales, las mandíbulas pueden existir. En los hemípteros, el aparato bucal es asimismo chupador, pero de un tipo muy distinto, pues forma el llamado pico articulado, que, en su parte más visible, aparece constituido por el labio inferior, muy alargado y acanalado por encima, en cuya canal quedan alojadas las mandíbulas y maxilas adoptando la forma de finas cerdas de aserrada extremidad. Existe también el labro en forma de pieza triangular muy aguda, cubriendo dorsalmente la base de las cerdas indicadas. En los dípteros, el mismo labio inferior forma una trompa o probóscide, que encierra cierto número de cerdas, hasta seis; de las cuales dos, que siempre son pareadas, representan las mandíbulas y maxilas, en tanto que las otras dos, impares, corresponden a la epifaringe y a la lengua o hipofaringe.

La región torácica

Los tres segmentos que constituyen la región torácica son semejantes en forma y tamaño, como puede verse en muchas larvas y en los adultos de los tisanuros y de algunos otros insectos; pero con frecuencia uno de ellos presenta mayor o menor desarrollo que los otros dos, y no es raro que los dos últimos aparezcan más o menos unidos entre sí. En unos casos resultan casi iguales en tamaño, como en las libélulas y los termes, cuyos dos pares de alas son idénticos o muy semejantes; y en otras existen diferencias de desarrollo a favor del mesotórax, como en las abejas y avispas, por ser éste el segmento que lleva las alas más grandes. Lo mismo ocurre en los dípteros, desprovistos de alas metatorácicas. En los saltamontes y chicharras el protórax presenta gran desarrollo respecto a las otras dos regiones; y en cambio, en otros ortópteros, como los insectos-palo, dicha región es bien reducida.





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