Eduardo J. Carletti

Los insectos (V).

Por Eduardo J. Carletti.


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En algunos insectos, como los himenópteros, pasa a formar parte de la región torácica el primero de los segmentos del abdomen; y algo de esto sucede también, aunque en menor grado, en los saltamontes y en las tijeretas.

En cada uno de los segmentos torácicos podemos distinguir el semianillo dorsal del ventral. Los tres semianillos dorsales llevan los nombres de pronoto, mesonoto y metanoto; y los ventrales los de prosternón, mesosternón y metasternón. Las secciones pleurales están formadas por dos piezas, el episternón y el epímero, las cuales contribuyen a constituir la cavidad cocotiloidea, o sea, aquella en la que se aloja la cadera.

Las patas

Cada uno de dichos segmentos lleva su par de patas correspondiente. Estas aparecen constituidas en su origen para andar o correr, y constan de una porción basilar o cadera, por regla general corta; y una pequeña pieza articular, el trocánter, seguida de dos largos segmentos que forman las palancas de la extremidad: el fémur y la tibia. Esta lleva, a continuación, un tarso constituido por varios artejos.

El desarrollo de las diversas partes enumeradas varía en extremo. Así las caderas, que, como hemos señalado, son cortas por lo general, pueden aparecer muy largas, como en las patas anteriores de los mantis; el trocánter puede ser doble; el fémur, en vez de ser fino, puede estar muy ensanchado, como en las patas saltadoras de los grillos y saltamontes; y las tibias anteriores aparecen, a veces, ensanchadas y presentan denticulaciones en sus bordes, como ocurre en muchos insectos cavadores. Por último, el tarso es variable respecto al número de artejos que lo integran, número comprendido entre cinco y uno, y, además, puede ser diferente en un mismo insecto según el par de patas que estudiemos. La fórmula tarsaria tiene mucha importancia en la clasificación de los insectos, por lo que existen nombres especiales, como los de pentámeros, tetrámeros, trímeros, dímeros y monómeros, para designar el número de artejos de los tarsos, y el de heterómeros, que se aplica cuando dicho número no es igual en los tres pares de patas, como ocurre en la carraleja, que posee cinco en los tarsos de los dos primeros pares y cuatro en los del tercer par. En algunos coleópteros existe dimorfismo sexual respecto al número de artejos, y así vemos que los machos son pentámeros, mientras que las hembras son heterómeras, por no estar dotadas más que de cuatro artejos en los tarsos anteriores.





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