Eduardo J. Carletti

Los insectos (VIII).

Por Eduardo J. Carletti.


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No siendo en los insectos inferiores, que corresponden al grupo de los apterigógenos, no aparecen apéndices en el abdomen sino en su extremo posterior. En aquéllos los apéndices son variables en estructura, número y disposición, y existen no tan sólo en la extremidad, sino en todos o en algunos de los siete primeros segmentos. En las larvas de los insectos pterigógenos pueden también existir apéndices en los mencionados segmentos, pero desaparecen en los adultos. En las hembras se observa con frecuencia cómo los apéndices correspondientes a los segmentos octavo y noveno, y en los machos, los de este último solo, forman parte de los aparatos copuladores o los destinados a la puesta, como son los oviscaptos tan patentes en los grillos y chicharras. En muchos insectos se conservan también los correspondientes al segmento undécimo, que constituyen un par de cercos, rígidos o multiarticulados, los cuales, a veces, determinan alguna de las particularidades más llamativas del insecto, como las pinzas de las tijeretas.

El endosqueleto, los músculos y el sistema nervioso

El tegumento externo del cuerpo se invagina en diversas regiones y da origen a un conjunto de piezas interiores duras o apodemas, que se denomina endosqueleto, y sirve para proporcionar puntos de inserción a los músculos y sostener ciertos órganos.

Los músculos son estriados, tanto los voluntarios como los involuntarios. El sistema muscular no forma una pared que rodee al cuerpo, y es en extremo complicado. En relación a su tamaño, la fuerza de los insectos es muy grande, desde luego muchísimo mayor que en los vertebrados, y es de notar que, en proporción, es mucho mayor en los más pequeños, como las hormigas.

El sistema nervioso central está formado por los ganglios o masas cerebroides, el collar esofágico, el ganglio postesofágico y la doble cadena infraintestinal. En las masas cerebroides pueden reconocerse tres porciones: procerebro, deutocerebro y tritocerebro. El primero representa los dos ganglios unidos del segmento a que corresponden los ojos, a los cuales inerva, así como a los ocelos; el segundo está formado por el par de ganglios del segmento antenal, integrado por los lóbulos olfatorios, y el tercero está constituido por los ganglios del tercer segmento cefálico, que carece de apéndices; de éste parten los tractos que determinan el collar esofágico. La masa ganglionar subesofágica está integrada por la fusión de los pares de ganglios correspondientes a los segmentos que llevan las mandíbulas y los dos pares de maxilas. A continuación sigue la cadena nerviosa, que, en su máximo, llega a estar formada por tres pares de ganglios torácicos y once abdominales. Esta disposición se ve en los insectos primitivos y en muchas larvas, pero en general dicho número es mucho menor, a causa de las concentraciones que ha experimentado la cadena, fusionándose varios pares de ganglios. Existen, además, algunos nervios viscerales, que forman un sistema simpático esofágico y otro ventral; el primero inerva el intestino anterior y el medio, el corazón y otras partes y el segundo, el intestino posterior y los órganos genitales.





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