Eduardo J. Carletti

Los insectos (XIV).

Por Eduardo J. Carletti.


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La seda que producen ciertas orugas es bien conocida por todos, pues con ella se fabrican magníficas telas. La especie que en general se cría para la obtención de tan estimada fibra es el Bombyx mori, cuya oruga es conocida con el nombre de gusano de la seda; pero como se verá más adelante, son numerosas las orugas que segregan fibras de posible utilización por la industria.

También son de gran utilidad las glándulas sericíparas mismas, que, estiradas en fresco, proporcionan excelentes hebras, muy utilizadas en cirugía, conocidas con el nombre de «crin de Florencia».

Los insectos poseen otras glándulas: las venenosas, como ocurre en las avispas, abejas y otros himenópteros, productoras de substancias que, vertidas en la pequeña herida hecha por el aguijón, producen una irritación casi siempre dolorosa.

Muchos hemípteros, como las chinches de campo, están dotados de glándulas abdominales productoras de una substancia cuyo olor, tan característico, queda durante algún tiempo en la mano si se toca a alguno de dichos insectos. En muchos carábidos, y en algunos otros coleópteros, existen glándulas anales que producen líquidos de olor desagradable y valor defensivo. En los carábidos escopeteros o bombarderos, estas substancias se volatilizan tan pronto entran en contacto con el aire, produciendo pequeñas explosiones perceptibles al oído.

Son muchos los insectos productores de cera: baste recordar, como uno de los casos más típicos, el de las abejas, que utilizan, después de elaborada, la cera que producen determinados sectores de su abdomen. En muchos homópteros y en las cochinillas, la cera es segregada por toda la superficie del cuerpo, formando el animal, con hebras y filamentos, una cubierta a modo de pruina que a veces sobrepasa mucho en longitud al resto del cuerpo. La cera producida por una cochinilla que vive en China se utilizaba para la fabricación de bujías y otros usos.

La reproducción

Puede decirse que todos los insectos son unisexuales (ya que en ellos no existen sino contadísimos casos de hermafroditismo), y con frecuencia ofrecen diferencias, más o menos grandes, entre uno y otro sexo, no sólo en lo referente a los caracteres sexuales primarios, sino también en un conjunto de particularidades o caracteres sexuales secundarios como talla, coloración, forma, desarrollo comparado de la cabeza o de algunas de sus partes (antenas, ojos, mandíbulas), de los órganos del vuelo o de las patas, etc. Estas diferencias dan origen al dimorfismo sexual, tan apreciable y tan curioso en muchos insectos.





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