Eduardo J. Carletti

Los insectos (XV).

Por Eduardo J. Carletti.


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La fecundación tiene lugar mediante la cópula. En ocasiones, los productos masculinos se reúnen en unas masas, o espermatóforos, que quedan adheridas a la hembra durante cierto tiempo. Los huevecillos rara vez se desarrollan en el cuerpo de la madre, aunque ocurre en algunos casos que permanecen en él hasta la fase de larva (como en la moscarda) o hasta la de pupa (como en la mosca borriquera). Por lo general son depositados en sitios ocultos, aunque en algunos casos estén por completo al descubierto. Si esto acaece suelen quedar protegidos por pelos o escamas de la madre, como sucede en algunas mariposas, o bien colocados alrededor de tallos, peciolos o finos tronquitos, en ocasiones muy adheridos unos a otros y dispuestos con maravillosa perfección. Los mantis y las cucarachas los protegen envolviéndolos con una cubierta coriácea, de forma precisa en cada especie, que constituye la llamada ooteca. Pero la mayoría de los insectos esconden los huevecillos, ya debajo de las piedras, ya enterrándolos en el suelo, o bien disponiéndolos debajo de las cortezas de los árboles o en sus grietas, y a veces hundidos en el tronco o en el espesor de tallos y hojas. Los parásitos los colocan en las orugas, crisálidas o huevos de otros insectos. Con objeto de poderlos introducir en la tierra o en los tejidos de un animal o vegetal, las hembras de muchos insectos están provistas de oviscapto, o sea, un órgano de forma alargada, más o menos duro, que pueden clavar, y por cuyo interior pasa el huevecillo hasta quedar a la profundidad que el insecto juzga conveniente.

En algunos insectos se presenta un fenómeno muy interesante, conocido con el nombre de partenogénesis, que por primera vez se observó en los pulgones. Consiste en la reproducción sin el concurso del macho, de modo que los huevecillos se desarrollan sin haber sido fecundados. Las partenogénesis pueden presentarse de modo accidental; pero en otros casos es contante, o bien cíclica, esto es, las generaciones partenogenéticas alternan con las sexuadas. De esto último tenemos claro ejemplo en los pulgones, en los que hay seguidas varias generaciones partenogenéticas y vivíparas hasta el otoño; en esta época aparecen los machos, y entonces las hembras son fecundadas y ponen huevecillos, que quedan durante el invierno en dicho estado y que en primavera darán lugar a nuevas generaciones partenogenéticas.

Mas no sólo existe la partenogénesis como medio de reproducción de los adultos. También hay algunas larvas que pueden reproducirse de igual manera. El caso es conocido con el nombre de pedogénesis, como se observa en ciertos dípteros (Cecidómidos), en los que las larvas dan lugar a nuevos individuos.





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