Eduardo J. Carletti

Los insectos (XVI).

Por Eduardo J. Carletti.


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Otro fenómeno interesantísimo, asimismo observado en los insectos, es la poliembrionia, que consiste en la producción de dos o más embriones de un solo huevo, que se divide por gemación. El número de estos embriones puede ser de 12 ó 15, de un centenar o superior a 1.000, derivados todos ellos de un mismo huevo. En algunos casos se encuentran orugas o crisálidas de mariposas que han sido atacadas por diminutas avispitas poliembriónicas, cuyo cuerpo está repleto de las larvas de estos calcídidos, y se ha llegado a obtener hasta unos 3.000 individuos de una sola larva.

En los termes, abejas y hormigas, existen a veces diversas clases de individuos en una sola especie: así vemos que, además del macho y de la hembra, puede haber otras formas, como son las obreras y los soldados, que son individuos en que los órganos genitales no se desarrollan por completo.

La metamorfosis

El desarrollo de los insectos es muy variado y diferente según las especies. Así vemos que algunos, al nacer son meras miniaturas de los padres, como ocurre en un grillo o un saltamontes, que alcanzarán la forma adulta por crecimiento seguido, marcado por diversos cambios de tegumento, por la aparición de los órganos del vuelo y por el desarrollo de los genitales. Se dice de éstos que tienen metamorfosis sencillas, y presentan, tanto de jóvenes como de adultos, un mismo tipo de aparato bucal, ya masticador, como en los ejemplos citados, ya chupador, como en los hemípteros. En otros insectos, las larvas son acuáticas y aéreos los adultos; mas a pesar de este cambio de vida, su desarrollo no está interrumpido por un periodo ninfal o de reposo, por lo que se les puede estudiar entre los de metamorfosis sencillas. Es lo que ocurre en las libélulas y efémeras. En un tercer grupo están incluidos los insectos que, de jóvenes, son muy distintos de como más adelante han de ser, revistiendo la forma de larva u oruga, en la que no es posible reconocer al adulto. El paso de larva a adulto está marcado no sólo por grandes modificaciónes, sino también por un período en que el animal no se mueve (salvo en contados casos), o, al menos, no puede trasladarse de un sitio a otro. Esta etapa es conocida con el nombre de ninfa, pupa o crisálida.

Los insectos que tienen metamorfosis sencillas, o paurometábolos, sufren, durante su desarrollo, tan sólo diversas morfosis de crecimiento, en las que el animal se desprende del tegumento quitinoso en que ya materialmente no cabía, y aparece con uno nuevo, mayor. Por esta causa el insecto no va aumentando poco a poco de tamaño, sino que el crecimiento se verifica como por saltos en cada uno de los cuales se aprecia un desarrollo mayor. Hacen su aparición en una de estas morfosis los órganos del vuelo, en forma de pequeños muñones, que en la morfosis sucesiva serán ya bastante mayores, y que al terminar la última se extenderán y tomarán la forma y aspecto característico de las alas que les correspondan. Durante el proceso de su desarrollo el animal no deja de alimentarse. Los cambios de tegumento no significan sino otros tantos breves períodos de quietud, los precisos para que el nuevo tegumento tome consistencia y pueda servir de inserción a los músculos.





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