Eduardo J. Carletti

Los insectos (XVIII).

Por Eduardo J. Carletti.


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Tipos de larvas y ninfas

En las larvas se distinguen varios tipos. Algunas se asemejan por la forma del cuerpo y apéndices a los insectos primitivos, como las campodeas, por lo que se las ha denominado larvas campodeiformes; tiene patas torácicas, pero no abdominales, y el cuerpo es recto y estrecho; son, por lo general, zoófagas y muy ágiles. Otras son las conocidas orugas en las que, además de las torácicas, existen patas tuberculosas en el abdomen que les sirven para andar. De ellas es buen ejemplo el gusano de seda. En otras, el cuerpo grueso y cilindráceo, provisto de patitas torácicas, aparece curvado y descansando, no sobre la superficie ventral, sino sobre uno de sus costados: son las larvas melolontoides, como las de los escarabajos sanjuaneros y las melolontas. En muchos otros tipos, las larvas carecen por completo de apéndices; su cuerpo es más o menos vermiforme, y puede presentar caprichosas y notabilísimas formas, en especial en algunos de los pequeños himenópteros parásitos del grupo de los proctotrúpidos y calcídidos.

En las ninfas o pupas también pueden distinguirse diversos tipos. En las verdaderas ninfas, o pupas libres, se reconoce bastante bien la forma del cuerpo del adulto, sobre el que aparecen aplicados los apéndices, como ocurre en los neurópteros, coleópteros e himenópteros. En las crisálidas, o pupas obtectas, características de las mariposas y dípteros ortorrafos, las alas y apéndices están más apretados contra el cuerpo y cubiertos por el tegumento quitinoso en forma que no hacen sino ligero relieve. Las pupas de los dípteros ciclorrafos constituyen un tercer tipo, pues en ellas se conserva el último tegumento larvario, que se endurece y queda formando una protección o cápsula, el pupario, al animal que encierra, al que no está soldado; las de este tercer tipo se denominan pupas coartadas.

Las ninfas permanecen inmóviles; pero es necesario recordar que casi todas las crisálidas pueden mover más o menos su abdomen de un lado a otro y que las ninfas verdaderas tienen a veces algunos movimientos. En las rafidias incluso llegan a mover con gran soltura varias partes de su cuerpo.

Regímenes de vida

En los insectos puede hacerse una gran división según su régimen de vida. Unos se alimentan de los vegetales, al paso que otros viven a expensas de sus congéneres ya como insectos carnívoros o predatores, ya como meros parásitos. El número de insectos, y, sobre todo, la multitud de individuos de cada especie, es con frecuencia tan considerable que si pasamos la vista por el reino vegetal y nos damos cuenta de las distintas especies que viven a expensas de cada planta, cuyas hojas, raíces, tallos o frutos devoran, lo que podrá parecer extraño es cómo en los millones de años que van transcurridos de vida común sobre la Tierra, que se remonta por lo menos a la época carbonífera, puedan existir aún vegetales. El equilibrio se mantiene, sin embargo, gracias a que la gran familia de los insectos está dividida en dos bandos, uno de los cuales se dedica sin cesar a combatir al otro, a cuyas expensas vive. La otra regulación es más simple: ya que los insectos son muy específicos con sus plantas alimento, cuando nacen demasiados y producen excesivo daño, entonces se produce una mortalidad por falta de alimento, que permitirá que las plantas se recuperen. De este modo se regula la cantidad máxima de individuos de una especie de insecto que puede existir en cada momento.





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