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Cómo la Argentina perdió la Patagonia (IV)

(Un Cuento Fantástico)



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Todos los teléfonos de la Casa de Gobierno comenzaron a sonar y no se daba abasto para atender los lla-mados de las unidades del 51º Ejército que transmitían al Presidente las novedades ocurridas y requerían órdenes para proceder.

El Presidente Solanas Álvarez gritaba a voz en cuello: -¡Por favor! ¡No hagan nada!, todo el mundo quieto hasta que analicemos la situación! Que venga ense-guida el Jefe del Estado Mayor Conjunto"

Lo que no hubo necesidad de repetir pues en ese momento ingresaba con rostro descompuesto al despa-cho del Presidente y lo incriminaba:

-Sr. Presidente, este es el resultado de su política, ahora tenemos a Chile sobre nosotros a la altura del Río Colorado, dígame ahora ¿qué hacemos?

-Por favor General no dramatice las cosas. Espere un momento, tal vez podamos dominar la situación mu-cho más fácilmente de lo que Ud. se imagina. Déjenos a los políticos decidir sobre el particular.

Y volviéndose a su Edecán le pidió que conectara la televisión. En la pantalla apareció un locutor que con cara de sorpresa leía comunicados recibidos desde la Patagonia originados en la Agencia de Noticias Los Andes, entidad privada al servicio del Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la Patagonia. El lo-cutor no sabía que decir ni comentar. Todo le parecía absurdo, pero esos mensajes estaban saliendo del te-letipo y no había duda posible de que alguien los estaba emitiendo.

En un momento determinado el locutor dio cuenta de la declaración de independencia hecha por los cuatro gobiernos patagónicos y de un comentario que procedía de Comodoro Rivadavia, donde la población se había volcado a las calles celebrando la independencia y pidiendo armas para combatir a los porteños. También había intercepción de despachos del Gobierno de las cuatro ex-provincias argentinas a las pro-vincias del Norte y de Cuyo pidiendo se adhirieran a la causa patagónica y presionaran al Gobierno de la Casa Rosada a proceder al reconocimiento de los Estados Unidos de la Patagonia.

Todo empezó a convertirse en un pandemónium, pues los embajadores de los países extranjeros comenza-ron a abrumar a la Cancillería para que explicara la situación. El Canciller se refugió en la Presidencia y hacía contestar que más tarde se daría un comunicado oficial al respecto.





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