El Gea

Latinoamerica o Suramérica (I)

Por Julio Fernández Baraibar


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Estaba presente cuando Luis Alberto Moniz Bandeira reiteró enfáticamente su crítica al concepto latinoamericano y reiteró, como lo hace habitualmente, su preferencia por la idea suramericana. Es más, soy miembro fundador de un Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos, llamado explícitamente de esa manera y no de otra.

Habitualmente utilizo de manera indeferenciada ambos adjetivos, aúnque debo reconocer que en los últimos años, y con el desarrollo del Mercosur y el intercambio con intelectuales y diplomáticos, y con algunas algunas lecturas realizadas en el curso de la redacción de mi libro, próximo a aparecer en el Fondo Editorial Simón Rodríguez, -Un solo impulso americano -es un chivo que me exige la editorial-, he tendido a utilizar con mayor frecuencia el concepto suramericano.

Trataré de explicar aquí el por qué de esta inclinación.

Durante todos los años de mi formación intelectual y política, comenzada poco antes de mi incorporación a la Izquierda Nacional en 1969, la idea de la Unidad Latinoamericana constituía una idea fuerza motriz y un objetivo considerado estratégico.

El gran libro de Jorge Abelardo Ramos que, en su versión inicial y tentativa -si uno lo lee hoy encuentra ideas no completamente desarrolladas, algunos errores de apreciación y hasta de datos, cosa absolutamente normal en una obra juvenil, de apertura, inicial, cuyo principal valor fue romper la muralla de acero que impedía ver la evidencia del concepto- se llamaba América Latina, un país -hasta el nombre era tentativo e impreciso, no se trataba de un país, se trataba de una nación, pero, reitero, su logro y acierto radicaba no en la imprecisión del título sino en lo contundente y radical del planteo en la década del cincuenta-, y que luego en su magistral versión final pasó a llamarse Historia de la Nación Latinoamericana, usaba el concepto Latinoamérica y América Latina como expresión del conjunto de países de la heredad hispánica en el continente americano desde el Río Grande hasta la Bahía Lapataia y su proyección antártica.

Ese nombre -Latinoamérica- trataba de diferenciarse de otros conceptos como Iberoamérica o Hispanoamérica, los cuales, en las polémicas ideológicas de la época, ponían el acento en una cierta concepción hispanista progoda, tratando de diferenciarse de las mismas -aunque de alguna manera asumiéndolas en un nuevo nivel de síntesis, si se me permite la hegelaniada- para diferenciarse de ellas y remarcar su naturaleza moderna, vinculada al gran curso abierto por la Revolución Francesa, el iluminismo, el desarrollo científico y tecnológico, la construcción de las nacionalidades y la revolución industrial. Latinoamérica, era entonces, más que una definición espacial, una palabra cargada de ideología.





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