Vuelta a la naturaleza y los instintos



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Es curioso como se reavivan los instintos al "volver" a la naturaleza. Muchos de aquellos que tuvimos la oportunidad de estar un período prolongado lejos de la civilización, viviendo de día y de noche al aire libre en parajes naturales e aislados, experimentamos literalmente la agudización de los sentidos y del instinto.

Cuando digo la agudización de los sentidos me refiero por supuesto a que se "ve más", se "escucha más", se "huele más", etc. Ejemplos de esto son que puede llegar a sentirse el olor a humo, oír o ver, tanto de día como de noche, a distancias inconcebibles estando en la ciudad en condiciones normales; y ya no porque en la ciudad lo dificulten los obstáculos visuales, la contaminación sonora o lumínica. El aire puro ayuda a la limpieza de los pulmones y la mejora del sentido del gusto y el olfato, la ausencia de contaminación ambiental perjudica menos a la vista, pero incluso no considerando estos aspectos parece ser que el organismo siente una "vuelta a la naturaleza" y se prepara para defenderse, para sobrevivir en las condiciones originales.

Prueba de esto último es que el "instinto", entendido como una reacción mucho más inmediata, y en cualquier caso anterior a un proceso de racionamiento consciente, se manifiesta mucho más fuerte en lugares aislados como las zonas de montaña. Esto puede manifestarse de muchas formas.

Algo que no deja de sorprenderme es el que, por ejemplo, se detectan presencias "extrañas" y se reacciona ante ellas mucho antes de ser conscientes de la existencia de las mismas. Por poner un ejemplo que me ocurrió personalmente, una vez iba caminando y solo y me di vuelta como impulsado por un resorte para ver que un compañero de expedición mío se acercaba estando a unos 4 metros...lo sorprendente fue que mi giro fue absolutamente involuntario: detecté la presencia y reaccioné instintivamente en consecuencia.

De la misma forma, después de salir de una cabaña-refugio abandonado en la Patagonia Andina en el que dormíamos a descargar a la vejiga, siendo de noche y sin que pudiera ver nada, sentí unas ganas irresistibles de salir corriendo, de volver a entrar al refugio, y lo hice a penas terminé de mear. Cuando entré, les dije a mis compañeros que había visto u oído algo o, más bien, que había sentido la presencia de algo ahí afuera. Salimos a ver con linternas, por si se trataba de un Puma o un animal peligroso, y resultó ser una vaca que estaba a unos 10 metros... Concientemente no llegué a escuchar que se movía o a verla, o siquiera a distinguir el ruido que pudiera haber hecho al desplazarse con el de viento entre los árboles del bosque valdiviano que nos rodeaba, pero el mi instinto me puso en alerta inmediatamente, mucho antes de que todos estos procesos concientes fueran necesarios.

Ranita patagonica.
Paisaje, vuelta a la naturaleza y los instintos.




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