El Gea

Mutilaciones de Ganado en Argentina 2002 (VII)
El Informe Total

Por Gustavo Fernández - MysteryPlanet / Al Filo de la Realidad

QUINTA PARTE



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La responsabilidad de Wistar ya la adelantó el investigador Edward Hooper, principal propulsor de la teoría de la vacuna contaminada, quien afirmó en su libro "El Río", que científicos del Instituto Wistar habrían utilizado riñones de chimpancé para producir algunos lotes de la vacuna e infectado con el virus de los chimpancés a quienes fueron inoculados.

Se propusieron dos hipótesis: la primera, sostenida fuertemente por diferentes investigadores como Hahn y su grupo (por ejemplo en Science 287: 607-614, 2000), se refería a una "transferencia natural", en la que un cazador con alguna herida comió o fue lastimado por un chimpancé infectado. Este pobre cazador hipotético sería el responsable de la pandemia que ha causado más de 50 millones de infecciones por VIH en el mundo, posibilidad morbosamente atractiva para el periodismo amarillista pero, en términos científicos, francamente ridícula. La segunda hipótesis cobró relieve curiosamente a raíz de su publicación, no en una revista científica, sino en una revista de rock. En efecto, el periodista Tom Curtis publicó hace diez años un ensayo titulado "El origen del SIDA" en la revista Rolling Stone (19 de marzo de 1992, pág. 54). Planteó que el SIDA pudo originarse, no de una transferencia natural, sino a partir de la experimentación de una vacuna contra la poliomielitis, de tipo CHAT, llevada a cabo entre 1957 y 1960 en África Central (Burundi, Ruanda y Zaire) por Hilary Koprowsky y otros investigadores del Instituto Wistar, de Filadelfia.

En ese entonces, el artículo de Curtis no fue en modo alguno desestimado, al grado de que se inició una demanda contra la publicación que llevó a la revista a hacer una aclaración para evitar los cargos en su contra (Rolling Stone, "Origin of AIDS update", 9 de diciembre de 1993, pág. 39). El asunto llegó también a las revistas científicas más prestigiosas, pues Koprowsky envió una carta a Science en la que hace varias referencias a Curtis en un tono despectivo (Science 257: 1024), da sus argumentos y terminó clamando por salvar a los niños de la parálisis consecutiva a la polio, de las angustias de los padres, y aseguró que la vacuna era y seguía siendo segura. Su nerviosismo fue evidente. Un mes después envió una nueva carta a Science solamente para hacer algunas rectificaciones a las notas de pie de página de la carta previa. Science se negó a publicar una respuesta de Curtis. A consecuencia del escándalo generado por el artículo de Curtis, el Instituto Wistar encargó a un comité externo un dictamen. El grupo de expertos, encabezado por Claudio Basilico, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, emitió un documento en el que respondía, una a una, las críticas de Curtis. En resumen, señaló que las probabilidades de que se hubiera producido una inoculación inadvertida de un precursor desconocido de VIH en niños africanos durante las campañas de vacunación de 1957 son extremadamente bajas, pues: 1) Las probabilidades de contaminación en los protocolos empleados son sumamente pobres. 2) La transmisión del VIH por vía oral (que es el medio de administración de las vacunas contra la polio) es también extraordinariamente rara. 3) Es mucha la distancia evolutiva entre los virus de inmunodeficiencia en monos y el VIH en humanos, y 4) El caso del marinero de Manchester (uno de los primeros casos reportados con SIDA) que presumiblemente adquirió la enfermedad antes de 1957. De modo por demás interesante, este comité agregó que el examen de las vacunas empleadas (algunas muestras se encontrarían congeladas en el propio Instituto Wistar) sería inapropiado, pues resultaba una empresa laboriosa, costosa y probablemente no concluyente. Pero en el informe del 2002, tal revisión se denunció como imposible ya que, a estar de la información suministrada, todos los cultivos habían sido destruídos.

En consecuencia; ¿miente la Royal Society al dar como eliminados unos cultivos que realmente existen, o miente el equipo de Basilisco al suponer como "inapropiado" un reexamen de virus que en realidad hacía muchos años ya habían sido destruídos? En cualquiera de los dos casos, la incertidumbre y preocupación que esto genera es enorme.





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