Conceptos físicos aplicados al buceo o submarinismo (IV)


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Federico Ferrero

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Ley de Henry y velocidad de ascenso

La ley de Henry habla de cómo se comporta un gas al mezclarse con un líquido cuando se aplica sobre ambos una presión determinada, y dice lo siguiente:

"A una temperatura constante, la cantidad de gas disuelta en un líquido es directamente proporcional a la presión parcial que ejerce ese gas sobre el líquido."

O también:

"La solubilidad (concentración de un gas) es igual a la constante de Henry (que depende del gas, el líquido y la temperatura) multiplicada por la presión parcial del gas."

Es decir, que la difusión de un gas está relacionada con la presión ambiente a la que está sometido en función del tiempo. Y en nuestro caso, como buceadores, esto significa que está relacionada con la profundidad (ya que a mayor profundidad, mayor presión) y también con el tiempo que permanezcamos bajo el agua.

Nuestro cuerpo, no lo olvidemos, es principalmente líquido, aunque parezca lo contrario: somos una "bolsa de agua". Esto significa que, a medida que descendemos durante una inmersión de buceo, el aire (mezcla de gases) que hay en nuestro organismo, se ponen en contacto con el líquido del mismo (sangre, etc.) y, tal como enseña la ley de Henry, las moléculas de cada uno de los gases parciales se van difundiendo dentro de la masa líquida hasta formar una solución de gas líquido o (dicho más comúnmente) en equilibrio.

La profundidad (presión) y el tiempo que permanezcamos sumergidos (que, en buceo, es igual al tiempo de descenso más el tiempo de permanencia en el fondo) hará que el gas que tenemos en mayor proporción en el aire que respiramos (el nitrógeno) se difunda y saturare en el líquido de nuestro organismo.

Esto, al descender y al permanecer a una cota de profundidad dada, no implica ningún problema de salud. Pero, dependiendo de la velocidad de ascenso, sí puede constituir uno: se generarían burbujas en nuestra sangre y tejidos que desencadenarían una serie de problemas se salud relacionados con la descompresión del nitrógeno disuelto en nuestro organismo (embolia gaseosa de mayor o menor gravedad) que pueden resultar incluso fatales.

Esto es así porque la ley de Henry también demuestra que cuando un gas saturado en una solución líquida se descomprime de forma rápida, se generan burbujas. En cambio, si se hace gradualmente (con menor rapidez) no ocurre este fenómeno. Esto se puede comprobar fácilmente en la práctica con un experimento simple: destape rápidamente una botella de gaseosa, y verá como asciende el gas en forma de burbujas; en cambio, destápela muy gradualmente, y verá que el líquido permanece estable, sin que se generen prácticamente burbujas o muchas menos, en función de la velocidad de descompresión (apertura de la gaseosa) que aplique.

Diferentes pruebas determinan que este efecto de descompresión brusca se evita al bucear si se asciende a una velocidad de 9 metros por minuto o menor.

Por otra parte, la descompresión total de nuestro organismo, tras bucear, y dependiendo del tiempo pasado en el fondo, no concluye totalmente hasta pasadas alrededor de 12 horas desde que salimos a la superficie.

Por eso, primero hay que determinar unos límites de tiempo en todo buceo, en función de la profundidad, que no hay que sobrepasar.

Y, por otro lado hay una serie de cálculos que debemos hacer si vamos a repetir buceos, y que determinan el tiempo máximo de inmersión en función del tiempo de descanso en superficie, la profundidad y el tiempo de los buceos anteriores. No nos ocuparemos aquí de dichos cálculos (para más datos lea este artículo, pero baste decir que debemos siempre realizar y/o comprobar estos cálculo para buceos de repetición, si entre un buceo y otro transcurrieron menos de 12 horas.

Al mismo tiempo, existen ciertas normas de seguridad en submarinismo pensadas para dar tiempo a la descompresión del nitrógeno en nuestro organismo, como es la parada de seguridad durante el ascenso, o la recomendación de no volar hasta pasadas al menos 24hs desde el último buceo.

Esto último tiene que ver con el hecho de que, en los aviones comerciales, se presuriza la cabina de pasajeros y, por tanto, nos estaremos sometiendo a un proceso de compresión-descompresión añadido a nuestros buceos...¡sí, volar es en cierta forma para los buceadores como repetir otro buceo! Por eso debe esperarse a estar "descomprimido" totalmente para hacerlo.

Por tanto, si mantenemos estas normas de seguridad (velocidad de ascenso, tiempo en el fondo máximo para buceo de no descompresión en función de la profundidad, tiempo máximo para un buceo de repetición, tiempos necesarios de descansos entre buceos repetidos y precauciones a la hora de volar) no tenemos de qué preocuparnos. Pero para eso un buceador debe conocer todos estos principios, planificarlo y hacer los cálculos para su seguridad (aunque se suponga que otros lo hacen por nosotros, ¡verifíquelo!). Así, si viajamos para bucear, nuestro viaje será un verdadero viaje de placer.



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