Si es competitivo, no es montañismo, es anti-montañismo


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Federico Ferrero

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Que me disculpen los incondicionales del deporte de competición. Que me disculpen los que acumulan records. Que me disculpen los muertos y los vivos. Pero el montañismo, si es competitivo, es cualquier otra cosa, pero no es montañismo.


La montaña no es deporte, es otra cosa.

Las recientes noticias que nos apabullan en lo que se refiere al coleccionismo de records de "ochomiles", de quién sube más rápido las más altas cumbres del planeta a toca costa, lo cual significa usar a cientos de sherpas para que carguen tu equipo que nadie conocerá por su nombre, valerse de helicópteros que transportarán a personas y material hasta los campos bases por pilotos también desconocidos, gastar cientos de miles de euros (literalmente) para que los patrocinadores ganan a su vez millones de euros (también literalmente). En el camino, muchos mueren, ya sea por sus propios excesos, o porque, precisamente, ya no se trata de montañismo, sino de competencia...y claro, la competencia no es compatible con la solidaridad, con el rescate de los compañeros que pueden estar en problemas en la montaña, con el sentimiento de grupo y de camaradería ya no profesional, sino "natural".

Porque el montañismo de verdad se trata de una actividad en la naturaleza, un actividad al aire libre, o de una actividad de exploración que implica espíritu de aventura, nada más y nada menos. Pero sin duda no es un deporte, por mucho que se lo quiera caratular como tal, ya que por definición un deporte incluye la competición, y el montañismo NO es una actividad competitiva. Que me disculpen los incondicionales del deporte de competición. Que me disculpen los que acumulan records. Que me disculpen los muertos y los vivos. Pero el montañismo (el andinismo, el alpinismo, el himalayismo), si es competitivo, es cualquier otra cosa, pero no es montañismo.

De la misma forma, la escalada puede ser un deporte (escalda deportiva) pero si se hace en el contexto del montañismo, no puede serlo, so pena de transformar al montañismo en otra cosa ya que, insisto, el montañismo no es un deporte. Lo mismo pasa con las artes marciales: o son artes marciales, o son deportes, los híbridos (como el judo) son raros, y por mucho que busquemos prevenirlo, terminan perdidos en las especulaciones políticas y mediáticas propias del "deporte espectáculo".

Se dirá que la moral existe en el deporte competitivo también. Pero creo yo que desde el momento en que en las competencias de montaña tiene que existir una regla que "obliga" a prestar ayuda a un compañero competidor en caso de accidente, en vez de resultar esto obvio, e incluso así sucede que muchos no cumplen esta regla cuando se da el caso, está claro que la moral y la ética brillan por su ausencia. Hecha la ley hecha la trampa. La competición exige leyes y trampas para poder ganar. Así, transformar el montañismo en competitivo es destruir su idiosincrasia, su espíritu, por completo.

Algunos creen que para ser grande hay que subir 18 ochomiles, de forma artificial, claro (con otros equipando la ruta con cuerdas fijas y llevando sus lujos en el lomo), ser el primer, el segundo, el tercero, mujer u hombre, nacionalidad x, en subir, en bajar, en hacerlo con un pie o con el otro. Pero, eso sí, sin sacarles la posibilidad de fumar en el campo base para contribuir al cambio climático o a sus futuras congelaciones, y mientras ver vía satélite el estado del tiempo en su notebook sentado en sillas de verdad transportadas por cualquiera hasta allí, pero sin duda no por ellos, sin duda por alguien que no aparecerá como el ganador y el que logró un desafío. Sin duda por alguien que vive en el mismo campo base, pero sin las mismas comodidades que se encargó de transportar, ganando en un año lo que el señorito montañista gana en un mes.

Muchos de estos "grandes montañistas" (no voy a decir nombres no por temor, sino para evitar enemistades y denuncias, porque para esos son más rápidos que para subir) tras la muerte de alguno de sus compañeros se llenan la boca en medios de comunicación diciendo que en la montaña "no hay ya solidaridad" porque "los sherpas no querían ir a buscarlo aunque les ofrecimos 6.000 euros". Estos grandes montañistas que despotrican contra la falta de moral o ética montañera, son los que precisamente, oh casualidad, con todas sus acciones apoyan y fomentan el "anti-montañismo", el montañismo del record, el montañismo mediático, el montañismo capitalista, el montañismo al servicio del show y del sponsor.

Porque, señores, los sherpas son trabajadores de la montaña, son trabajadores que han SUBIDO MAS OCHOMILES QUE NADIE. Pero con una diferencia, no lo hacen por aparecer como "recordman", como héroes, en los medio de comunicación de su país o del mundo, sino que están ahí para ganarse la vida. Un sherpa normalmente no trabaja pasados los 40, 45 años porque el cuerpo no le da mas de cargar 30 a o más kilos de peso en sus espaldas para lograr que esos mismos que hablan de "falta de solidaridad" consigan sus records mediáticos. Señores, ya no les pido un poco de respeto, sino UN POCO MENOS DE HIPOCRESIA.

¿O verdaderamente se creen ustedes, occidentales gringos de las grandes montañas, que son sus voluntades las que los hacen hollar la preciada cima? No señores, ustedes no son nada, pero sobre todo son mucho menos que aquellos que hacen lo mismo pero sin buscar el reconocimiento, incluso recibiendo humillaciones diarias y cotidianas por subir montañas. Humillaciones necesarias para tener el vil metal que permite sobrevivir en el mundo subdesarrollado, eso sí, con montañas codiciadas por gente "desarrollada". Los trabajadores de la montaña no son iguales que ustedes, son mejores, se los mire desde donde se los mire.

La solidaridad debe existir y existe entre montañistas de verdad. Lo que no quieta que el que está donde está, tomó sus decisiones en la medida de lo posible, dentro del supuesto libre albedrío que cada uno tiene. Esto significa que no tiene derecho a "exigir" rescates si la naturaleza dice "NO", y los rescatadores también podrían jugarse la vida. Uno está donde está por alguna razón, y hay que se consecuente con lo que nos llevó hasta ahí. Pensar que la culpa es del otro, exigir rescates cuando siempre los accidentes son culpa de la imprudencia (evitable y de la que somos entonces culpables) o de la fatalidad (inevitable, y por lo tanto no hay nada que hacer) es ser tontos o hipócritas.

Por suerte todavía hay montañistas de verdad que saben reconocer su pequeñez en los logros del alpinismo, el himalayismo o el andinismo. Porque nuestro insignificante cuerpo logra llegar al pico de la montaña que admiramos no sólo gracias a la ayuda de un equipo de gente que vale tanto como nosotros, sino al "permiso" que nos otorga la naturaleza, la propia montaña. Se da entones una curiosa y paradójica realidad: no subimos montañas, sino que otros y la propia naturaleza se unen para dejarnos tener esa experiencia que puede llegar a ser mística. Pero cuando a esa experiencia se le agrega la competitividad, todo, absolutamente todo lo que llamamos montañismo, desaparece.



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