Música comercial y rebeldía uniforme (II)


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Federico Ferrero

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Eso no quita que puede uno ser un revolucionario o profeta escuchando, haciendo o gustando del rock an roll. Pero por la misma razón, también puede no serlo, y por otro lado, serlo también siendo de profesión (por ejemplo) un médico en vez de un roquero. De hecho, recordando el caso del Ernesto Che Guevara, podemos decir que (estadísticamente hablando, la menos) es más probable ser un revolucionario si se hace la carrera de medicina, que si uno se dedica a la "carrera" de la música especializada en rock. A las pruebas me remito: no hay gente más inmersa en lo que denominan "el sistema comercial" ("vendidos") que los Rollings Stones, los Beatles, los Sex Pistols (sí, ahora también, reconocidos incluso por la Reina de Inglaterra), Iron Maiden o cualquier grupo que a uno se le ocurra que venda discos y que de conciertos o recitales, sean o no famosos, tengan más o menos seguidores (¿o los que no son famosos no quieren llegar a serlo? ¿no quieren "triunfar"?). Los revolucionarios no "predican" más que como una actividad secundaria, ante todo HACEN cosas para cambiar lo que acaso critican (o no) con la palabra, una herramienta más, pero una herramienta real para el cambio.

Así, la ropa y la indumentaria en general del rebelde del rock tiene su propio estilo, incluso ya sus propias marcas: la ropa para el rapero, la ropa para el heavy, la ropa para el emo, la ropa para el punk, la ropa del dark, etc., están todas claramente definidas, lo mismo pasa con el calzado y con otros elementos embellecedores varios como pircings, aros, pendientes, pulseras, muñequeras, rastas, colgantes, collares, maquillaje, peinados, tiradores, cadenas, tatuajes, anillos, etc. Son todos productos, nada más. La excepción original (rock, heavy y punk de los 70´) que significaba vestir de forma desalineada o despreocupada, por puro desinterés ante una forma de vestir uniformada, desindividualizante, se transformó en una moda más, en varias modas más bien, dependiendo del tipo de música y de la clase social del ciudadano y tribu urbana de que se trate.

Los verdaderos hippies ya no existen, infiltrados por la droga que idiotizó a sus seguidores, solamente hay ahora gente que se viste de hippie y quizás se cree hippie, o algo parecido, como los regges (ser hippie, muchachos, no es solamente dejar de bañarse, andar medio descalzo con ropa de colores y fumar porros). La moda rebelde fue literalmente absorbida por el sistema que decía combatir...y que algunos ilusos creen que sigue repudiando con algo más que lírica, melodías o un volumen desproporcionado.

El Che, el argentino Guevara, y la indumentaria son actualmente dos temas con muchos puntos en común, llamativamente, y que vienen al caso. Es cuanto menos curioso ver como parte de la indumentaria rebelde actual se mezcla con su persona histórica y su figura de revolucionario real: un hombre que (se esté de acuerdo o no con su ideología o su forma de ver el mundo) indudablemente fue un revolucionario DE VERDAD, una vez muerto, se transformó de a poco en un icono...un icono que ahora es inútil, un icono paradójico, un "anti-icono", podríamos decir. Porque ya no es un icono de lo que representaba, sino de todo lo contrario. La imagen del Che es ahora un simple fetiche, una figurita representada en calcomanías, collares, remeras, camisetas, cigarreras, encendedores, mezclado con la bandera de Jamaica y los porros, mezclado con los hongos alucinógenos y la mariguana, y con cualquier cosa que uno se pueda imaginar si cabe en ella un leve aroma a disconformismo. La figurita del Che es incluso para algunos similar (salvando las distancias) a las estampitas de la virgen, pero adjunta a la indumentaria de gente que gustaría ser revolucionaria cuando está a años luz de vivir una vida como la del Che Guevara. De gente que se cree rebelde, cuyo Dios (que nunca alcanza ni ven, pero al que rinden culto) es la revolución. No son activistas, ¡son fans de una revolución que nunca ocurrió, nada más!

La imagen del Che, que pretenden los que la llevan indicar un espíritu revolucionario, es ahora, en realidad, la imagen de una revolución fallida, la imagen del fracaso de la lucha contra el sistema, la imagen que representa lo ridículo de una forma de pensar (la de los fans revolucionarios, no la de los revolucionarios de verdad) que se licua en sonidos llamados palabras, y nunca se transforma en hechos.

No me cabe ninguna duda de que el Che se revolvería en su tumba si viera lo que se hizo de su imagen, un mero producto comercial, un esbirro del marketing, lavado, disuelto, que ya no significa más que esto: "me porta alguien que es decadente en grado sumo, pero desearía no serlo". Y esto al margen incluso de las recientes películas que quieren dar una pintura objetiva de su pasado (hablo de "Che, el argentino"), sin dejar (por supuesto) de cobrar a aquel que quiera verla, sea o no capitalista... Tampoco cabe ninguna duda, dejando de lado todo complejo, de que el rock es un tipo de música, y nada más. El que quiere que se trasforme en otra cosa, que haga algo por ello, algo más que hablar, tocar y cantar.



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