El casino de la metereología y la vida sobre la Tierra

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Pablo Edronkin

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Si no fuera por los truenos y relámpagos, que lejos de ser cosas a las que hay que temer, resultan muy beneficiosas y afortunadas, no existiría la vida.

Si no fuera por ellos la vida sobre la Tierra no existiría y su supervivencia no sería posible, y no es que les debamos solamente que crean el ozono que protege a la troposfera en una capa que está por encima de ella, o que sean parte de los ciclos de lluvias que posibilitan el crecimiento de plantas de todo tipo. Si no fuera por las descargas eléctricas de la atmósfera, literalmente, la vida sobre la Tierra nunca se hubiera desarrollado.

Hace aproximadamente tres mil quinientos millones de años surgieron los primeros y muy primitivos seres vivos en nuestro planeta; existen fósiles de ellos, simples bacterias, procedentes de lugares tales como China y Sudáfrica, y durante casi tres mil millones de años fueron los únicos terrícolas; hace aproximadamente seiscientos o setecientos millones de años la vida sobre nuestro planeta empezó a tornarse más compleja gracias al crecimiento de la presión atmosférica, hecho que probablemente se debió a la acumulación de oxígeno proveniente e algas unicelulares.

Eso posibilitó la segregación o producción de esqueletos y la aparición de animales más complejos que en parte dependen desde entonces de la estabilidad de la atmósfera. Pero inicialmente, las reacciones químicas que produjeron las primeras moléculas vivas necesariamente debían obtener la energía para desarrollarse de las dos únicas fuentes que existían entonces: los volcanes y las tormentas eléctricas que a lo largo de cientos de millones de años fueron creando procesos acumulativos que luego tomaron su propia inercia.

Así que en parte nosotros también somos producto de las tormentas y la suerte de que los relámpagos y los fenómenos violentos de la meteorología como son las tormentas eléctricas hubieran caído en los sitios indicados: de otro modo, tanto la aparición de las primeras formas de vida, así como su supervivencia en los tiempos de lo que se ha dado a conocer como la era arcaica hubieran sido mucho menos factibles: la vida empezó y sobrevivió por el juego de puras probabilidades, como en un gigantesco casino.



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