Conteniendo la difusión de la boludez (I)


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Federico Ferrero

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¿Vale la pena propagar una parte de la "cultura" (en el sentido más amplio y laxo de la palabra) de un país o región cuando consiste nada más que en una de las manifestaciones de su decadencia? ¿Es posible evitar esta difusión?

La respuesta evidente a esta pregunta es NO, pero también resulta evidente que aquellos "propagadores" de este tipo de "cultura" en realidad no sean filántropos altruistas, sino gente normal "amplificada" por el aporte monetario de meros capitalistas mediáticos.

Pero me explico, no sigamos hablando en el aire, ejemplos de esto sobran, sobre todo a nivel cinematográfico y (especialmente) televisivo. En el subgénero ("sub" no por ser un subconjunto, sino por su nivel de involución relativa al género al que pertenece) de las telenovelas o culebrones para adolescentes, se encuentra una veta importante para explorar la producción, importación y exportación de la boludez fruto de la tecnología aplicada a la decadencia.

No es casual que usemos la palabras "boludez", término argentino por excelencia que significa algo parecido a "tontería","estupidez", "gilipollez" o similar. Usada en exceso, esta palabra pasa de ser un identificativo cultural del argentino, a actuar de muletilla vulgar y, en combinación con otras palabras soeces, viene a demostrar la pobre retorica y hasta falta de educación, vocabulario o ignorancia del que la utiliza.

Así, y volviendo al tema, encontramos que ciertas series televisivas difunden este uso mediocre del lenguaje, manifestación por antonomasia de la cultura decadente en la que se basa y, a su vez, al exportarse a otros países, hacen que los desconocedores del a cultura local a la que pertenezce, identifiquen esa forma de hablar con la cultura de ese país o región, sea o no la forma mayoritaria y (lo que es más importante) correcta y culturalmente rica de expresarse.

Dicho de forma más simple: hace creer que la representación de estúpidos hecha por actores que se ven en la televisión son representativos de la mayoría de la gente del mismo origen étnico o cultural.

Esto puede ser cierto o no, pero el hecho es que podría ocurrir tanto de esta forma como a la inversa: que se difunda gente inteligente y sabia, y que se crea por tanto que esta es la norma para las personas del mismo origen. En este sentido, podemos poner el ejemplo de lo que pasa con la inmigración que se da a países lejanos y atractivos para vivir (económica y socialmente), por parte de inmigrantes de países menos pudientes, pero profesionales que fácilmente son bienvenidos en estos lugares, dando lugar a la a veces llamada "fuga de cerebros".

En los países receptores de cerebros hondureño (como ejemplo solamente, podríamos haber puesto cualquier otra nacionalidad), se tendrá una determinada imagen de lo que es "el hondureño" muy positiva, porque evidentemente los que llegan son gente inteligente y culta por definición. En cambio, probablemente los países limítrofes de Honduras que (hipotéticamente) reciban inmigración de baja cualificación profesional (a veces incluso no regular o ilegal) y escasa educación y formación, que escapa en busca de mejores oportunidades a los lugares más cercanos, tendrán una idea comparativa del hondureño radicalmente distinta de los primeros. En un caso, se "importó" lo mejor, en otro se "exportó" lo que peor, por hablar en términos de compra-venta para nada aplicables a las personas, pero que nos dan una idea de a lo que nos referimos con metáforas simples.



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