La expedición trans asiática Citroên-Haardt

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Pablo Edronkin

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Nosotros que viajamos con frecuencia podríamos extendernos mucho sobre lo que significa viajar en un camión; es toda una experiencia, y los chóferes, conductores de camiones, o simplemente camioneros, como se los conoce coloquialmente, constituyen toda una subcultura; en ocasiones, el overlanding se convierte en una actividad un tanto riesgosa.

Es un trabajo bastante especial que poco tiene que ver con los estereotipos que hay acerca de estas personas; y es muy común encontrar entre ellos a ex empresarios, profesionales y otras personas que básicamente se han cansado del estilo de vida que llevaban y lo que buscan es viajar de un lado para el otro de forma tranquila y sin problemas.

Pero en materia de exploración y tentar a la suerte, los camiones no quedan exentos de historia, y quizás el uso más extraordinario que se ha hecho de ellos ocurrió entre 1931 y 1932, durante el transcurso o desarrollo de la expedición asiática de Citroên - Haardt, que discurrió por más de doce mil kilómetros, uniendo el mar mediterráneo con el mar amarillo; esta expedición se realizó utilizado camiones semi - oruga, una configuración ya no tan utilizada aunque todavía vigente, pues permite aprovechar en un vehículo las ventajas de tracción y distribución de peso de las orugas - no por nada los vehículos como los tanques y las grúas las emplean -, y la controlabilidad y facilidad de manejo de los vehículos sobre ruedas.

Georges Marie Haart, un experto conductor de este tipo especial de vehículos construidos para él especialmente por la empresa francesa Citroên, fabricante de vehículos convencionales, y también, por supuesto, estos experimentales, inició su expedición con siete de estos vehículos, con el objeto de seguirla ruta sobre la cual había viajado Marco Polo siglos antes, y por supuesto, experimentar con estos vehículos y demostrar la calidad de los productos y diseños de Citroên. La expedición tuvo que atravesar por numerosos problemas, desde los mecánicos y logísticos, hasta la corrupción de los líderes políticos locales, pero después de casi un año, logró su cometido, aunque sea parcialmente, pues la expedición tuvo que detenerse finalmente en Mongolia tras la muerte de su guía y jefe, a causa de neumonía.

Pero a pesar de no haber podido llegar hasta Indochina (Vietnam), nunca se consideró a esta expedición como un fracaso: fue una apuesta fuerte, con muchas dificultades y problemas, pero pasó a la historia. Los conocimientos obtenidos sobre las regiones que atravesó, la experiencia de los conductores y la información que pudieron obtener los ingenieros y diseñadores de vehículos todo terreno fue enorme y sirvió en gran medida para que se dieran muchísimos adelantos tecnológicos en la materia. Y esto demuestra que apostar y atreverse no tiene nada de malo, sino que es lo que mueve al mundo.



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