¿Quién podría hablar en representación de la Tierra?

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Pablo Edronkin

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¿Qué personas o instituciones serían las más indicadas para representar a la Tierra en caso de un contacto con una civilización extraterrestre? ¿Sería correcto apostar a que en una situación que podría convertirse en un peligro para la supervivencia humana fueran los políticos habituales los que hablaran?

La noción de que puede existir vida fuera de la Tierra ha pasado de ser una conjetura de la ciencia ficción, para convertirse en una probabilidad científica. Así como hace un par de décadas se consideraba que los planetas fuera del sistema solar debían existir por lógica, pero faltaba una comprobación empírica hasta que se desarrolló un primer método para obtenerla, resulta altamente probable que no estemos solos, y es posible que algunos de esos seres sean inteligentes. Por lo tanto, no resulta impensable que alguna vez entraremos en contacto con ellos. De esta forma, pensar y conjeturar sobre cómo podría desarrollarse un contacto semejante desde diversos puntos de vista - incluyendo a la supervivencia - no es simplemente un ejercicio abstracto.

Uno de los factores de un contacto con seres de otro mundo sería la diplomacia necesaria para manejar la situación. Eso implica determinar quiénes serían las personas o instituciones más adecuadas para conversar o negociar. Si nos basamos en la experiencia histórica, debemos concluir que no existe tal cosa porque a pesar de que hay gente que cree fervientemente en el fenómeno OVNI, no existe - que se sepa realmente - ninguna experiencia previa de contacto plenamente demostrable. Es decir, hasta el momento no hay gente con indudable experiencia lidiando con extraterrestres. Sin embargo, esto no quiere decir que no se puede preparar a personas e instituciones para tal eventualidad, aún cuando no existan conocimientos previos: en su momento no había ningún astronauta o cosmonauta para explicarle a Yuri Gagarin cómo era el vuelo en el espacio. A veces es precisamente el momento de desarrollar nuevos conocimientos en vez de basarse en los existentes. Eso es un cambio de paradigma.

Ya hemos analizado un escenario en el que la Tierra entraría en contacto con una civilización extraterrestre que podría acercarse hasta nuestro mundo (ver "¿Y si nos toca el papel del Monte Ararat en una situación de supervivencia OVNI o interestelar?"). Esto, que podría parecer el producto de una novela de ciencia ficción o del intelecto colectivo de alguna secta suicida extraña, en realidad es una posibilidad científicamente correcta basada en probabilidades. Creencias en los OVNIs aparte, es muy probable que exista vida fuera de la Tierra, es probable que parte de esa vida sea inteligente, y es posible que alguna vez entren en contacto con nosotros.

Así como están las cosas en nuestro estado tecnológico, con una capacidad para viajar por el espacio relativamente modesta, es razonable pensar que no es la humanidad - o la Tierra, para ser más amplios - la que tendría la iniciativa en el contacto. En términos de nuestra historia, no seríamos Colón y sus carabelas (Ver Ships of Adventure, Exploration and Survival) sino más bien los nativos americanos en una situación de contacto extraterrestre, al menos por ahora.

Considerando entonces que nos encontraríamos en una situación de negociación, sin conocer del todo a nuestros interlocutores y sus intenciones, pero asumiendo que no se los podría subestimar como viajeros, exploradores, conquistadores o incluso refugiados, cabe preguntarse seriamente quién debería hablar en nombre de la Tierra. Equivocarse en este aspecto podría hacernos perder una enorme oportunidad o poner en peligro al planeta entero. Es decir, solamente el hecho de elegir mal a nuestros representantes para semejante ocasión podría generarnos una situación de supervivencia de consecuencias difíciles de pronosticar.

Y en este sentido, lo primero que tenemos que notar es que existen pocas instituciones o personas en condiciones de representar a todo el planeta, empezando porque damos por sentado que los humanos somos sus representantes. Eso es lo que creemos pero ¿realmente es así? ¿realmente los posibles visitantes pensarán eso? Puede ser que lo acepten como una situación de facto dado que en los hechos nos hemos convertido en la especie dominante, pero no necesariamente la más representativa.

Por otra parte, que el presidente o primer ministro de un país poderoso sea representativo de su electorado no significa que lo sea respecto de otros países, máxime si se trata de naciones rivales o enemigas. ¿Podría hablar el primer ministro israelí en representación de los palestinos o el premier chino en nombre de los japoneses?

Por lo tanto, los líderes políticos - no importa cuán poderosos puedan ser - difícilmente podrían actuar como representantes legítimos de todo el planeta pues podrían no ser aceptados por todos.

En cuanto a los líderes religiosos como el Dalai Lama, el Papa, un Rebbe o un Imán, se puede decir que en general tendrían una representación más amplia y mayor aceptabilidad para la gente en una función semejante. Pero tampoco se puede pensar que serían aceptados por todos y además queda por verse si desde una perspectiva religiosa - la que fuera, incluso la ecoreligión - se podría encarar tal tarea. A favor de los líderes religiosos se puede decir que a través de la historia han sido los que han mantenido a las unidas sociedades en problemas, cuando todos los demás elementos constitutivos de la ley y el orden han fallado, como ocurre durante los grandes desastres y catástrofes, durante la caída de regímenes políticos, en caso de la rendición incondicional de un estado, etc.

Esto quiere decir que a pesar de que los líderes religiosos no serían los óptimos para tareas diplomáticas celestiales, van a ser necesarios - como, desafortunadamente, los políticos - para mantener a la gente en calma. Sin embargo, la historia demuestra que los líderes religiosos y la religión tienen más probabilidades de sobrevivir que las instituciones políticas y los líderes que las tienen a cargo. Por ello, los líderes religiosos tendrán más importancia que los políticos en un evento semejante.

La ONU es quizás el único organismo que podría encarar con razonable legitimidad y una buena dosis de habilidad diplomática una tarea semejante: la mayoría de los países la integran, su persona está compuesto por diplomáticos de carrera, cuenta con representaciones en todo el planeta, y es esencialmente un organismo pacífico. Como desventajas de la ONU hay que mencionar qu eel poder de veto de algunas naciones en el consejo de seguridad, la burocracia de un organismo de tal magnitud, y las proporciones de su asamblea general pueden resultar problemáticos, salvo que la ONU elabore planes de contingencia de antemano.

Es muy importante tener presente que un contacto semejante debe ser analizado desde una perspectiva heterodoxa, con la mente abierta. Si existen diferencias significativas en las costumbres, hábitos e ideas de personas que viven en provincias diferentes de un mismo país, es de esperarse que entre los terrícolas y los alienígenas pueden existir diferencias tan amplias como el propio espacio interestelar que los separa, y lo que nosotros damos por sentado y garantizado no necesariamente significará lo mismo para ellos, para bien o para mal.

Cualquier enviado o representante del que dispongamos deberá ser aceptable para ellos tanto como cualquier enviado de ellos deberá ser aceptable para nosotros. En la Tierra aceptaríamos a un interlocutor alienígena basándonos en nuestras propias nociones de liderazgo - probablemente quien sea el comandante visible de una expedición interestelar, o quien parezca que dirige las operaciones. Sin embargo, no tenemos idea de qué es lo que resultaría aceptable para semejantes visitantes. Por ello es recomendable:

Encarar la cuestión con mucha cautela.

Tener asesoramiento interdisciplinario.

Tener más de un plan de contacto.

Tener en cuenta que podría ser necesario recurrir a la improvisación en el momento del contacto.

Prevenir a - literalmente - todo el mundo sobre la importancia de no tomar acciones hostiles o que puedan ser interpretadas como tales, pero al mismo tiempo, poner en máxima alerta a todas las fuerzas militares, del orden y de seguridad.

Impedir el pánico.

El diplomático que represente a la Tierra en una situación semejante deberá preocuparse por numerosos aspectos, como vemos. Pero es importante destacar que deberá tener libertad para ir resolviendo las situaciones a medida que se vayan presentando porque al resultar los interlocutores prácticamente desconocidos en las primeras etapas de un contacto, no existirá ninguna previsibilidad en cuanto a sus acciones y en lo que se refiere a las reacciones de los propios habitantes de la Tierra. Fácilmente la situación podría descontrolarse. Esto significa que los enviados o representantes de la Tierra deberán ser diplomáticos plenipotenciarios.



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