Meteorología para sobrevivir en la montaña

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Pablo Edronkin

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Estamos habituados a pensar que el pronóstico meteorológico es algo que existe para evitar que tengamos un mal día, ya sea previendo que tendremos que llevar un paraguas cuando va a llover, o que no deberíamos llevar abrigo si va a hacer calor, pero para el entusiasta de las actividades al aire libre, la meteorología puede ser mucho más importante.

Hace un par de semanas me encontraba junto con otra gente de Andinia.com en el medio de las montañas, a unos cien kilómetros del Chaiten, un volcán que estuvo dormido más de seis mil años y hace poco se tornó activo otra vez. Nos encontrábamos en la zona por dos motivos: Por un lado estábamos realizando una de nuestras tradicionales expediciones, atraídos por la situación y para ver la cosa desde una distancia segura, y por el otro, nos encontrábamos también en la asamblea de socios de Andinia.com. Esto es también tradicional entre nosotros pues detestamos las oficinas corporativas de cualquier tipo y siempre nos ha parecido mucho más apropiado hacer estas reuniones de esta forma, al aire libre.

Cien kilómetros es una distancia razonablemente segura como para no quedar dentro del inmediato radio de destrucción de un volcán en casi todos los casos, pero en realidad, a escala geográfica y geológica, esa distancia no es nada. Es plausible que el Chaitén y su actividad volcánica actual tengan algo que ver con el estado de la meteorología por medio del cambio de los patrones o factores de los sistemas locales que observamos en la zona; puede que no sea así, pero hay que considerar que el volcán estuvo inactivo durante sesenta siglos y que las tormentas y particularmente los vientos que experimentamos fueron inusitadamente fuertes.

No puedo decir esto en estos momentos con certeza científica pero la coincidencia entre los dos eventos es para señalar, y hasta ahora, en todos mis años de residencia en la zona y las numerosas expediciones que emprendí por allí, nunca una ventisca había amenazado levantarme del suelo cargando una mochila de treinta o cuarenta kilos. Eso es exactamente lo que pasó: Los vientos que tuvimos en esas dos semanas de asamblea en el medio de la nada eran tan fuertes por momentos, que la única manera de enfrentarlos consistía en o estar dentro de un refugio, o bien tirarse cuerpo a tierra con la mochila encima y aferrarse de algo, porque sin un punto de sujeción, con mochila y todo y estando en el suelo, uno sentía que empezaba a moverse, casi como resbalando.

Esta anécdota - real, por cierto - remarca que un conocimiento adecuado de meteorología constituye también una habilidad esencial en el estudio y la práctica de la supervivencia: Las montañas de la región han producido este año más víctimas fatales que nunca, pero como nosotros conocemos algo del tema, pudimos actuar con precaución y permanecer en nuestros refugios improvisados o fuera de la acción de tales vientos la mayor parte del tiempo, pero en algunos casos se hizo necesario enfrentarlos.

Hay que tener en cuenta que la meteorología en las montañas se caracteriza por tres cosas, fundamentalmente:

Se pueden formar sistemas locales completamente distintos a los de la región en su conjunto: Así, cuando puede haber buen tiempo en general, ene el valle donde uno se encuentra las cosas pueden presentarse de otra manera.

El estado del tiempo puede cambiar muy rápido: es muy difícil elaborar pronósticos locales fiables, y a los efectos prácticos relativos al excursionista de a pié, del navegante de los lagos o ríos, o del piloto de montaña, media hora es más que suficiente como para que la meteorología se altere totalmente. Es decir, si se observa que el tiempo va a desmejorar, es enteramente probable que lo haga antes de que pasen treinta minutos.

No se debe confiar en la estacionalidad: Puede ocurrir que en un día invernal o con un paisaje nevado, la temperatura alcance cotas veraniegas, o que durante la temporada estival se desarrollen tormentas y nevadas intensas, con mucho frío. Tales estados cambian relativamente rápido - la nieve que cae en el verano generalmente se extingue en menos de veinticuatro horas - pero ello puede ser más que suficiente como para comprometer la seguridad de cualquier persona. No hace falta sufrir la extensión de tiempo de un invierno polar para experimentar el congelamiento de parte del cuerpo o los síntomas de hipotermia; cuando mucho, con un par de horas de malas condiciones será suficiente.

Nada de esto significa que no hay que visitar las montañas, pero se debe hacer con precaución y pensando de manera conservadora. El minimalismo en cuanto a transportar equipo (ultraligerismo) no sirve en este entorno, ni aún para las personas más experimentadas:

El equipo contra el frío y el mal tiempo siempre hace falta en estas regiones.

Hay que transportar el equipo impermeable o para el frío de modo tal que resulte inmediatamente accesible. De nada sirve tener guardado un impermeable como un poncho en el fondo de la mochila pues si empieza a llover, terminaremos mojando todo nuestro equipo.

El contenido de la mochila debe guardarse en bolsas impermeables; aún cuando la mochila sea hidro-repelente, colocar la ropa, la comida, etc. en pequeñas bolsas plásticas o de tela impermeabilizada resultará mucho más efectivo.

Siempre hay que asumir la peor de las posibilidades: si hay probabilidad de lluvia, hay que actuar como si ello fuera un hecho cierto.




Un escenario típico de empeoramiento del tiempo; nótese el efecto del viento en el lago. Menos de media hora después empezó a llover intensamente y los vientos superaron holgadamente los cien kilómetros por hora.





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