El bosque protector

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Pablo Edronkin

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Si un andinista, alpinista o amante del senderismo es sorprendido por el mal tiempo en la alta montaña, por encima de la línea máxima de crecimiento de la vegetación, debe volver al bosque si quiere sobrevivir. Si la vida misma se limita en esas regiones y ciertas plantas y animales no proliferan por encima de cierta altura, nada indica que el lugar sea apto para seres humanos menos adaptados y especializados que los seres vivos que existen en la región. Por lógica, más bien habrá que asumir lo contrario. Si un cóndor, una liebre, un árbol o arbusto habituales en la zona, unos cientos de metros más abajo no han conquistado esas alturas es porque la supervivencia resulta allí mucho más difícil, y si bien es casi imposible hallar sitios en la Tierra en los que no haya ninguna forma de vida - aunque se trate de extremófilos - se puede tomar como regla general para sobrevivir que cuanto menos vida, o al menos vida compleja, se pueda observar en un lugar, más difícil resultará la supervivencia para los seres humanos. Cuanto más compleja sea una forma de vida, más difícil le resultará adaptarse.

También se debe considerar que algunos animales y plantas complejos y grandes pueden sobrevivir en un determinado ambiente, pero eso tampoco implica que los humanos tengan similar éxito sin una preparación adecuada. Los camellos y los cactos constituyen sendos ejemplos de adaptación a la vida en regiones con muy poca agua, pero no por la presencia de ambas clases de seres vivos un lugar dejaría de por sí de ser muy complicado para la supervivencia de una persona.

Pero por supuesto, si en una zona árida o desértica ni siquiera resulta posible ver animales o plantas complejos como los cactos o los camellos, tanto peor. Con las salvedades pertinentes, el mismo criterio se puede adoptar para el caso de las regiones polares, montañosas, el mar, etc.

Las características del terreno y el clima del lugar son factores que van de la mano, teniendo influencia uno sobre otro como en el caso de un típico proceso de Markov. Por lo tanto, la topografía, el clima y la meteorología tienen enorme influencia sobre las probabilidades de sobrevivir en un lugar para una persona. Es eviente que incluso la prosperidad de las naciones depende del clima, la meteorología y la topografía - no por nada las regiones desérticas o polares, aún siendo vastos territorios, continúan estando casi deshabitadas en nuestro planeta.

Los amantes de la vida al aire libre no deberían - o no deben - subestimar los efectos de la meteorología. Para alguien que vive en la ciudad y salvo que se produzcan temperaturas extremas o fenómenos particulares como los tornados o las tormentas muy violentas, el estado del tiempo no pasa de ser a veces un inconveniente, pero para los navegantes, aviadores, y practicantes de las actividades al aire libre la cuestión es distinta pues el mal tiempo en medio de lo salvaje puede derivar en riesgos ciertos y profundos.

Más curioso es que la definición de mal tiempo en algunos casos no necesariamente pasa por la aparición de tempestades. Pro ejemplo, para muchos pueblos que habitan en Siberia, el mal tiempo, o incluso las estaciones malas del año, constituyen aquellos momentos en los que la temperatura ambiente crece y la nieve y el hielo se derriten, dificultando el desplazamiento de animales y personas. O el mal tiempo puede significar un viento en dirección inadecuada en el momento inadecuado, aún con cielo despejado, como sucedía a los europeos que durante mucho tiempo intentaron navegar las costas del continente africano sin éxito. Enrique el navegante, por ejemplo, tuvo que enviar más de una docena de expediciones hasta lograr por fin superar los bancos de arena producidos por material sahariano depositado cercas de las costas del sur de Marruecos (Ver Ancestors of the Skowronek Family in Portuguese Naval Expeditions).

En el caso particular de las zonas de montaña, como regla general de be considerarse que a mayor altura, más agresivo resultará el clima, y a medida que una cadena montañosa se encuentre más cerca del polo norte o el polo sur, menor será la temperatura ambiente. Pero hay otros factores para considerar también, los cuales pueden mitigar o amplificar los efectos propios de la altura y la latitud, como la cercanía al mar, los vientos imperantes, etc.




Aquí las dificultades para sobrevivir serían mayores que en el bosque.


Se puede definir a la alta montaña como la región que se encuentra a una altitud tal que la vegetación deja de ser abundante, y no existen árboles ni arbustos en la zona. Es una explicación un tanto ad hoc pero válida para entender con claridad lo que hay que hacer cuando de repente un tiene que enfrentarse con el mal tiempo en esa zona, es decir, la alta montaña: salir de allí. Y el único sitio realista a donde se puede ir en la mayoría de los casos es al bosque, a menor altura.

Para empezar, las plantas de gran tamaño como los arbustos y los árboles tienden a crecer en zonas hospitalarias para la vida, y si no pasan de una cierta altura es por buenas razones. No se debe asumir que se trata de una altura absoluta y única, y las variaciones ocurren porque incluso los valles pequeños suelen desarrollar sus propios sistemas climáticos y meteorológicos. Pero además de que por sí, exceptuando cualquier otro factor se puede decir que donde los árboles crecen las posibilidades de supervivencia son de por sí mucho mayores, se debe destacar que el bosque desarrolla una propia sinergia que hace que más animales y otros vegetales tiendan a crecer allí, aumentando los recursos y las posibilidades del superviviente. Los árboles además generan una capa protectora que minimiza los efectos del viento y hasta cierto punto, de las precipitaciones.

Hay unos pocos casos en los que el retorno al bosque no es posible; en regiones como la Antártida o Groenlandia sencillamente no hay vegetación boscosa, y en el caso de las expediciones de montañismo a gran altitud en las que un descenso no resulta factible en poco tiempo, el bosque debe ser reemplazado por el campamento base, el cual debe diseñarse de manera tal que pueda satisfacer todas las necesidades de supervivencia de una expedición.




No solamente más apacible sino también más seguro.





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