Actuación ante el desacato a la autoridad en actividades extremas y de riesgo (IV)


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Federico Ferrero

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Toma de decisiones práctica

Como responsables de un grupo de personas, el pragmatismo obliga a solucionar la situación de desobediencia lo antes posible, ya que (estando en un contexto de riesgo) cuanto más se dilate el incidente, más posibilidades habrá de que surjan accidentes, lesiones o incluso la muerte de alguno de los implicados.

Hay que tener claro que el responsable de un grupo debe preocuparse por la seguridad de la mayoría de los miembros del mismo. Si una persona no acata nuestra autoridad, y esa injustificada rebeldía pone en peligro al resto de los miembros del grupo, está claro que nuestra responsabilidad es para con la mayoría antes que para con un único individuo que opta por rebelarse contra nuestra autoridad.

Normalmente hay ciertas decisiones prácticas básicas y genéricas que se pueden tomar ante un caso de desobediencia, que podemos resumir en los siguientes verbos, y que en orden de importancia y aplicación son:

Persuadir

Convencer o persuadir es la acción por excelencia, la primera que debemos intentar: exponer las razones por las cuales, merced a nuestros conocimientos, experiencia y autoridad, damos la orden que damos en función de la decisión que tomamos. Algunos de los argumentos que podemos usar son: recordar nuestra autoridad (aceptada de antemano por la persona que ahora la desacata), recordar la formación y experiencia que sustentan nuestra autoridad, hacer ver los riesgos que se corren por tener la actitud que se tiene, o los riesgos que se hacen correr a terceras personas de forma directa o indirecta, etc.

Esto, sin embargo, muchas veces no es posible, sobre todo durante una actividad de riesgo o una situación de supervivencia inminente, ya que el tiempo para dar explicaciones puede ser limitado o incluso nulo, priorizando la velocidad de ejecución de las órdenes. El caso típico de acatamiento rápido de las órdenes sin tiempo para dar mayores explicaciones es el de las órdenes dadas durante una situación militar de combate, por ejemplo.

Imponer

La imposición de una decisión puede ser verbal o "fáctica" (en base a hechos consumados).

La imposición verbal dependerá de nuestra pericia de mando y el repeto a nuestra autoridad o capacidad de liderazgo. Cuando, por ejemplo, la mayoría de un grupo acta nuestra función de líder y el rebelde queda aislado, hay muchas chances de que termine plegándose al criterio de acatamiento de la mayoría. En algunos casos, sin embargo, no será posible, ya sea por no contar con la mayoría, o por enfrentar a alguien que no se guía por el criterio de la misma, sino que valora más el propio.

La decisión fáctica pasa por llevar adelante, en la práctica, como acción, la decisión tomada, y esperar que aquellos que no la apoyen terminen, a regañadientes en la teoría, incluso quejándose, acatándola en la práctica, lo cual es lo que realmente más importa. Una vez más, esto puede no ser posible, sobre todo cuando la decisión implica una acción por parte del rebelde que, pese a todo, no decide llevar a cabo: por ejemplo, no quiere seguir caminando por un determinado camino pese a que todo el resto del grupo sigue adelante, en el contexto de la ascensión de una montaña, ya que cree que el camino no es el correcto.

Por último, la decisión fáctica se puede basar en una imposición coactiva o coercitiva. Esta solución es posible sólo en casos en los que nuestro trabajo y la ley nos otorgue de autoridad suficiente como para imponer cierto uso de la fuerza en función de la consecución de seguridad para con la persona/s en cuestión y/o terceras personas implicadas. Esto se da en ámbitos de las fuerzas de seguridad pública o privadas, por ejemplo, que están autorizas a ciertas acciones físicas directas en pro de la seguridad general.

Evidentemente, esta solución no será una opción en cualquier actividad en la que nuestras funciones no sean de seguridad, y por lo tanto será descartada como válida por cuestiones legales y prácticas. Dicho de otra forma, salvo en contextos puntuales de trabajos de seguridad, obligar a alguien por la fuerza a hacer algo normalmente no será posible, ni mucho menos deseable.

Desistir

Si no se puede convencer y/o imponer nuestra decisión, ya sea de forma verbal o fáctica, evidentemente sólo queda desistir. Sin embargo, no hay que hacerlo de cualquier manera, ya que desistir no implica plegarse al deseo de aquel que desafía la autoridad. Desistir no es claudicar ni aceptar.

En este caso, siempre habrá que seguir un criterio profesional y moral en el cual, ante todo, como ya mencionamos al principio, se busque la seguridad de la mayoría de las personas del grupo del que somos responsable y, además, se tengan en cuenta las consecuencias legales de nuestra decisión, ya sea como miembros de un grupo o como líderes del mismo. De las implicaciones legales hablamos en el siguiente apartado de este artículo.



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