Donde los gallos todavía se hacen oír


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Federico Ferrero

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Canta y despierta, y se escucha todavía su canto porque los relojes en algunos parajes todavía no le sacaron el puesto. El gallo todavía se hace oír en el campo de verdad...aunque quizás no por mucho tiempo...

Un gallo

El campo tiene sus pros y sus contras a nivel ecológico, sobre todo cuando no se mantiene en el equilibrio deseado con la naturaleza en su estado originario. Pero lo que no puede negarse es que su tranquilidad, sus tiempos y su cotidianeidad ligada a la vida natural lo hacen mucho mas apto para el desarrollo integral, para un desarrollo moralmente ecológico del hombre que la ciudad.

Pero el campo del que hablo es el campo de los campesinos y de las familias, es el campo del silencio, el del "vecino de al lado" a 5 leguas, el de la guitarra del payador, el del madrugar por trabajo pero también para disfrutar de una forma de vida de ritmo sosegado y sin apuro. Ese campo no es, sin duda, el campo de las multinacionales o de la automatización. No es el campo visto unicamente como productor, sino como lugar para una vida distinta a la vida ciudadana. No es, lamentablemente, el del campo que se extiende hoy en día, solitario y sin habitantes, como aliado de la suicia y corrupta ciudad.

El campo de los gallos es ese campo que cada vez añoran más los ciudadanos comunes, pero que paradójicamente cada vez retrocede más ante el empuje de las ciudades en las que viven estos ciudadanos. Porque el querer está muy lejos del poder cuando se cree que ya se hizo todo lo que se pudo... Añoranzas de personas que "sin querer-queriendo" y formando parte del engranaje social, contribuyen a destruir ellas mismas la posibilidad de que dichas añoranzas se hagan realidad, que pasen de sueño a hecho. La masa destruye los sueños del individuo que conforma la propia masa.

El gallo se hace oír porque todavía se lo quiere oír, y también porque la ausencia de polución acústica así lo permite. El día en que el gallo quede superado en volumen por una calle cercana, o los vecinos se quejen de su canto porque prefieren los huevos de gallinas enjauladas del supermercado, ese es el día que marca la transformación del pueblo de campo en ciudad en potencia. Intentar que ese día no llegue es algo que va más allá de las palabras, implica esfuerzos concretos, acciones AQUI Y AHORA.

¿Se quiere mudar al campo? ¡Hágalo! Vivir queriendo sin hacer es firmar un certificado de queja continua sin otro resultado que la amargura de su vida cotidiana. Para hacer habrá que sacrificar y resignar, porque si fuera fácil todos lo harían...pero una vez dado ese primer paso, quedará claro que la voluntad es lo que cuenta, que poder es querer, y que afortunadamente los gallos todavía se hacen oír.



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