El Gea

Transgénicos en mi mesa ¡NO! (V)

Por Greenpeace México.


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La experiencia con otras tecnologías nos obliga a tener precaución: como ejemplo está el uso de plaguicidas y agroquímicos que hace 40 años se vendían como solución a diversos problemas rurales y a los que no se asociaba ningún riesgo, ni daño a la salud. Décadas después de que se aplicaron sin control se confirmaron múltiples daños al medio ambiente y a la salud, por lo que ahora están prohibidos. Las compañías que los fabricaron y se enriquecieron con su venta, nunca repararon el daño hecho a millones de personas que enfermaron y murieron; ni pagaron los costos por la contaminación que provocaron.

La investigación científica sobre la seguridad de los organismos genéticamente modificados y sus impactos en los mexicanos debe realizarse en nuestro país de manera imparcial, sin controles corporativos y con un sentido de interés público. En tanto dicha investigación científica no se lleve a cabo, los consumidores informados prefieren evitar el consumo de transgénicos.

¿Por qué las compañías no deben usar transgénicos en los alimentos?

Además de la ya mencionada incertidumbre sobre la seguridad de los transgénicos, las compañías deben considerar otras tres razones para evitarlos en sus productos:

1. Los cultivos genéticamente modificados pueden tener impactos significativos, inesperados e irreversibles en el ambiente. Esto es grave para un país megadiverso como México, centro de origen de diversos cultivos de los que depende la alimentación, entre ellos el maíz.

2. En México ninguna autoridad verifica que las importaciones no contengan transgénicos NO aprobados para consumo humano, así que el potencial de contaminación transgénica con variedades no aprobadas es enorme. Estamos bajo el riesgo de que se dé una posible fuga de transgénicos no comestibles, de uso farmacéutico o de uso industrial, y de que se mezclen con nuestros alimentos.

3. Consumidores alrededor del mundo rechazan comer transgénicos. Los consumidores de la Unión Europea, Australia y Japón, entre otros, rechazan el uso de transgénicos en los alimentos destinados al consumo humano e incluso en los forrajes con los que producen su leche, carne y huevos. Incluso naciones de África y América Central están rechazando la entrega de ayuda alimentaria con transgénicos y esta tendencia se está extendiendo a más países. Las compañías que no respondan a esta creciente demanda global, perderán la preferencia de los consumidores.


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