Educación básica para niños (II)


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Federico Ferrero

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2) - Nunca dejar ganar a un chico por capricho.

Está claro que no se puede dejar que habitualmente un chico haga lo que quiera, mucho menos si para lograr lo que quiere utiliza el llanto o los berrinches. Si se le ordena algo, se hace, nunca hay que dar marcha atrás ante una exigencia basada en una actitud caprichosa.

Sucede acá algo parecido con lo que pasa con la típica situación de secuestros terroristas: la política debe ser "no negociar", el chico se tiene que dar cuenta que las situaciones de "chantaje" no se llega a ninguna parte, y siempre perderá tiempo y energía en rabietas para nada. Cuando el chico entienda esto, sabrá que la única posibilidad de "negociación" está en la palabra, y en el conseguir las cosas con cierto sacrificio, dando algo a cambio, sin exigir.

Si uno de los padres (tío, abuela, profesor o quien sea con autoridad sobre el niño para educarlo) dice, manda o toma una decisión que el niño no acepta, y pretende evitarla a base de una actitud caprichosa, nunca debe darse marcha atrás. Esto es todavía peor que no haber tomado esa decisión: rectificar porque el niño nos chantajea con sus llantos es uno de los peores errores que se puede cometer como educador.

3) - Si se dice algo claramente, no hace falta repetirlo.

Con decir las cosas una vez es suficiente. El chico no se debe acostumbrar a hacer algo recién a la tercera vez que se lo dice, y aprovechar mientras a seguir haciendo lo que quiere.

Por supuesto, esto no significa que no haya que ser paciente con las dudas y las dificultades de los chicos para entender lo que le decimos, y repetirlo cuando sea necesario. Pero hay una diferencia clara entre la falta de comprensión y la típica actitud de los niños que saben que, haciéndose los “sordos” o dejando pasar el tiempo desde que se les dice algo, se salen un poco con la suya.

4) - No acostumbrarlos a acatar ordenes autoritarias ni a atender solo a altos niveles de voz.

El "porque si" o "porque yo lo digo" es contraproducente. Todo el mundo necesita razones para hacer acatar órdenes con verdadero convencimiento, y los chicos en la edad del "por qué" más que nadie. Acostumbrarlos a que las cosas se deben hacer solamente porque alguien con más poder lo manda, es un grave error a todos los niveles, es la base para crear una mentalidad rebelde contra toda autoridad o acostumbrada al autoritarismo, dos extremos nada deseables.

El grito es el compañero de la irreflexión. Porque algo se grite no será más o menos cierto, y además de perjudicarnos la garganta, hace que gastemos más energía para lograr lo mismo. Por supuesto, el problema radica en haber acostumbrado a un niño a obedecer solamente cuando se le grita, a que el grito es la orden "en serio" y lo otro son sólo "advertencias" que se pueden dejar de lado hasta que llegue el primero. Llegados a tal extremo, el cambio será difícil, por eso hay que acostumbrar de entrada a hablarle a los chicos en un tono de voz normal, incluso cuando se les da ordenes.



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