Evaluando al maestro, eligiendo al alumno (I)


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Federico Ferrero

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Evaluar al maestro podría parecer en principio una contradicción, y de hecho en algunos casos lo es. Pero lo cierto es que desde siempre, pero todavía más en los últimos tiempos, el alumno debe elegir a su maestro, al margen de que el maestro también elija a su alumno.

Como el proceso de enseñanza-aprendizaje es uno y mutuo, si el educando no ejerciera su derecho de elección, el resultado sería educativo sería el de "adoctrinamiento", o simplemente el fracaso de la enseñanza, ambas cosas poco deseables en una sociedad democrática (o que aspire a serlo) al menos.

Por supuesto el derecho de evaluar al maestro no es ilimitado y propio de todos. Los menores de edad claramente no está en condiciones de hacerlo. Los adultos, por su parte, tienen la obligación de hacer esta elección cuando buscan una oferta educativa, y aunque lo primero es elegir la institución donde uno aprenderá, cada vez es más normal elegir también los maestros o profesores, ya sea por un proceso perfectamente contemplado en las normas del centro educativo, o informalmente, por el simple "desprecio-aprecio" que a largo plazo van ganando ciertos maestros o profesores como consecuencia de sus actitudes, su profesionalidad, su capacidad para enseñar, su sabiduría, etc.

Así, vemos que en muchas universidades es normal elegir a ciertos profesores dentro de una misma asignatura, y cambiar de profesor o de asignatura en caso de que este no cumpla nuestras expectativas, sin que esto afecte a nuestro currículum académico o a los tiempos calculados para terminar una carrera, ya que está contemplado como una práctica común y reglada.

En el caso de la enseñanza no formal, no académica o que se guía por reglas internas estipuladas por federaciones, asociaciones o grupos, como suele ser la enseñanza deportiva o de las artes marciales, a veces este proceso de elección del profesorado no está contemplado formalmente, pero se hace con la misma o mayor facilidad incluso. Porque evidentemente alguien que paga a una institución privada para aprender algo (club, gimnasio, academia, etc.) y no se siente cómodo con aquel o aquellos que enseñan, simplemente abandona el curso o la clase, deja de pagar y se va.

Como vivimos, la elección es la primera evaluación posible, y no se trata de algo que se hace solamente cuando empezamos una actividad educativa, sino que es un proceso constante, ya que los profesores son personas que (como todos) van cambiando, para bien o para mal. Pero hay que hacer algunas salvedades o aclaraciones sobre cuál es la capacidad de evaluación del alumno de sus profesores, y hasta donde puede llegar.

Debemos recalcar antes que nada lo que dijimos al principio: el proceso educativo es una actividad que atañe tanto a alumnos como a profesores, y esto significa que los profesores y/o las instituciones educativas también eligen a sus alumnos.

En efecto, está claro que no cualquier persona puede acceder a cualquier tipo de educación. Esto muchas veces es lamentable, además de ser un hecho.

Es de lamentar que un "limitador" o "discriminador" de alumnos sea su capacidad económica, por ejemplo. O el simple hecho de haber nacido en determinado país que tiene muy pocas posibilidades de darle una buena oferta educativa. O el tener determinado estatus social, determinados padres, determinada, en fin, suerte o fortuna. Ciertamente si alguien no tiene dinero para pagar unas clases o no tiene un lugar donde poder estudiar, difícilmente podrá aprender.



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