Evaluando al maestro, eligiendo al alumno (III)


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Federico Ferrero

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Este límite está marcado por la experiencia y/o sabiduría del profesor. Porque un alumno adulto puede evaluar hasta cierto punto la capacidad de un profesor para enseñar en función de sus resultados (de si aprender o de que la mayoría aprenda), pero lo que no puede es juzgar a un profesor sobre conocimientos que él (el propio alumno) no posee. En resumen, no es lógico hablar sobre lo que no se sabe, mucho menos emitir juicios de valor sobre ello.

En la práctica esto significa que un alumno puede estar atento a si las clases que sigue le satisfacen o cubren las expectativas que tiene. Si esto no ocurre (ya sea porque no está buscando lo que el profesor enseña, o porque considera que el profesor no lo enseña de forma adecuada en comparación a otras ofertas educativas) obrará en consecuencia, se cambiará de clase, de curso, etc. Pero mientras lo anterior no ocurra, el alumno dentro de la clase debe respetar la autoridad y la sabiduría del profesor, que nunca deberá cuestionar en público por una cuestión de respeto y de lógica aplastante: se va a una clase para aprender de un profesor, no para intentar enseñarle.

Y esto también hace referencia a la posibilidad de que no entendamos lo que el profesor explica. Porque esto bien puede ser un problema nuestros y no del profesor. Para salir de dudas sobre si se trata de un problema del profesor o nuestro, solamente hace falta ver o compararse con otros alumnos que tengan nuestros mismos intereses en la clase en cuestión, y si estos alumnos también se sienten defraudados, sin duda o el profesor no explica bien, o la clase no es para nosotros, lo que en la práctica implica lo mismo: no debemos estar ahí, hay que cambiar.

Esto, que parece una verdad evidente, tautológica, muchos lo pasan por algo. Vemos así que en muchos casos alumnos que se creen "aventajados" se dedican a criticar abierta o subrepticiamente a su profesor. Esta actitud no tiene que ser nunca toleradas por sus compañeros, y mucho menos por el propio profesor si se entera de ella, ya que mina la propia autoridad del que es el responsable de que todos aprendan, y crea un ambiente de "chusmerio" o "marujeo" propio de el mercado, no de una clase a donde se va a aprender.

Las criticas al profesorado por parte del alumnado son, por cierto, imprescindibles. Si un maestro eligiera a sus alumnos, y estos no pudieran elegir a su maestro, estaríamos hablando de adoctrinamiento, y en algunos casos incluso de fanatismo ciego o esclavitud, algo de lo que se han aprovechado muchos líderes, gurús y tiranos. Pero hay un momento y lugar para todo, incluso para las críticas. Y por eso la evaluación del maestro es algo personal que debe implicar decisiones personales, y no servir nunca para faltar el respeto a aquel que se dedica a enseñar, si es que de verdad se dedica a enseñar, y no a adoctrinar.



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