Imitar al que sabe, hasta cierto punto...


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Federico Ferrero

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Imitar a los que saben, a los que dan el ejemplo con su experiencia y sabiduría, es una buena estrategia para todo alumno o aprendiz. Sin embargo, esta forma de aprender tiene un claro límite que no hay que pasar si no se quiere involucionar o estancarse en el aprendizaje.

Cuando se aprende de otro ser humano, como nosotros, es de esperar que (siendo todos humanos) las soluciones que el profesor aplicó con éxito a un problema, sea práctica o teórica (física o mental) nos servirá también a nosotros. Y normalmente es así. Pero muchas veces sólo "a grandes rasgos", y esto hace un gran diferencia al intentar imitar a la perfección, a "copiar" la soluciones de otros sin reflexionar lo suficiente sobre cómo se aplican a nosotros.

Cuando vemos como un Sherpa sube a una velocidad envidiable por las altas laderas de las montañas del Himalaya, quizás pensemos en hacer lo mismo..."porque él sabe, habrá que imitarlo y así saber como él". Probablemente sea una decisión errónea: el cuerpo del Sherpa puede soportar físicamente la altura de forma que el nuestro muy probablemente no pueda.

Cuando vemos como un tibetano se calienta tomando su té mantecado (te con grasa animal) y recupera así las grandes cantidades de energía que es necesario acumular para soportar las temperaturas del altiplano del Tibet, pensamos, "quizás yo, como turista, debiera hacer lo mismo, y así estar fuerte y sano"...pero puede que nos equivoquemos: nuestro estómago no necesariamente va a tolerar dicho té, o asimilarlo como lo asimila el metabolismo de una persona que vivió toda su vida, igual que sus antepasados, a 5.000 metros de altura.

Quizás pensemos que la técnica que tiene nuestro profesor de educación física o artes marciales sea "perfecta". Dependiendo de la metodología que aplique, de cómo pretenda enseñarnos, esta sensación será más o menos potente. Pero lo que en su cuerpo es perfección, trasladado "tal cual" al nuestro, seguramente no lo será.

Quizás pensemos que una teoría filosófica budista y su práctica sea la respuesta a todo, y queramos transformarnos en sus fieles seguidores. Pero puede que esta práctica no sea compatible con nuestras costumbres, creencias y supuestos de nuestra cultura occidental.

Todos somos en alguna medida diferentes: a nivel físico, fisiológico y metabólico nuestro cuerpo se encuentra en un equilibrio formado por parte levemente diferentes que las del cuerpo de otro. Es un equilibrio similar, pero basado en pequeños detalles genéticos o adquiridos (una desviación diferente de la columna, una tolerancia distinta a ciertos alimentos, una forma culturalmente distinta de pensar, de comportarse, etc.). Por eso los problemas para cada uno, cuando se profundiza en búsqueda de soluciones "personalizadas", siempre implican soluciones diferentes para cada persona diferente, o para cada momento diferente en la vida de una persona.

Imitar a la naturaleza puede ser también positivo, aunque aquí las precauciones también tienen que ser grandes: como seres humanos somos "algo más" que naturales.

Imitar, sí, pero reflexionando, buscando el límite y la diferencia para adaptar lo que aprendemos a las peculiaridades que nos distinguen como "uno mismo".



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