No cogito, ergo TV sum


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Federico Ferrero

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Hubo un tiempo en que cada historia, cada acontecimiento narrado (ficticio o real) exigía del uso de la imaginación para darle vida. Desde el momento en que las imágenes "salieron" de nuestro cerebro, y se instalaron en la pantalla, las cosas han cambiado bastante.

El margen de interpretación que se tiene viendo la televisión, una película o cualquier contenido multimedia en donde las imágenes son lo que son, es limitado. Por supuesto, en que haya más o menos juego por parte del uso de la imaginación del espectador depende en gran medida de quién sea el artista o el creador de esa sucesión de imágenes y sonido de la pantalla. De esa simulación plana de un mundo de más dimensiones.

Podríamos decir que la gente cada vez piensa menos, pero no sería del todo exacto. Digamos que ya no pone menos ingredientes de su parte en el proceso de pensamiento, porque ya no es habitual "cocinar" por sí mismo las ideas, sino que es más fácil comprarlas hechas: comida rápida del intelecto, comida basura, comida chatarra que atrofia el intestino de las ideas.

Algunos se preguntan porqué existe la televisión basura, o las películas que no ofrecen más que una explosión de colores, como si buscaran se tratara de europeos de la edad media tratando de conformar con cuentas de vidrio con otra escala de valores sobre la riqueza. Pasa que la gente aprecia todo lo que la saca de la rutina, lo que la divierte (divertir = cambiar), el espectáculo, que por definición carece de esfuerzo por parte del que "mira". Precisamente, la gente ya no contempla de forma activa los productos y servicios pensados para el ocio, y con toda razón, porque no fueron hechos para ser observados con ojo crítico, sino para divertir y entretener.

Ser un intelectual aburrido que no se permite un momento de relax sin hacer uso del "cogito" es por supuesto ridículo. Pero hacer del ocio y el entretenimiento el único objetivo, el único placer de la vida también. Mucha gente sólo trabaja para (irónicamente) tener unos cuentos momentos en los cuales dejar de trabajar y divertirse...el dinero parece obligar a esa forma de vida, pero hay que ver un poco más allá. Porque sino, finalmente pasa lo que pasa..."no cogito, ergo TV sum".



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