Barth y el Monte Idinen

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Pablo Edronkin

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Heinrich Barth empezó en el mundo de la exploración casi como un personaje secundario, pero al cabo de su primera expedición ya era un consumado viajero, explorador y aventurero.

Lo que le sucedió a este científico de origen alemán fue algo poco común porque usualmente las personas que tienen la fortuna de participar de una auténtica expedición por primera vez no adquieren de forma inmediata todos los conocimientos y la experiencia que los calificarían para convertirse en un gurú de la exploración. Pero cinco cosas se conjugaron para que Barth tuviera una especie de curso acelerado en la materia:< p>``Un aislamiento muy prolongado de la civilización, dado que la expedición de la que tomó parte desapareció del mapa, literalmente, por alrededor de cinco años. Una exposición diaria a la naturaleza de estas características ciertamente le sirvió de escuela.

Su instrucción académica y científica, lo que le otorgó más recursos intelectuales para enfrentar situaciones complicadas.

El hecho de que quedó al mando de la expedición tras la desaparición de su líder.

Un indudable talento natural para la profesión del explorador.

La exposición a situaciones de supervivencia.

Particularmente en este último caso, Herrn Barth pudo aprender mucho de los errores que cometió tempranamente, en los primeros tiempos de la expedición al áfrica de la que tomó parte, y uno de esos errores fue ascender en solitario, sin acompañante al Monte Idinen. Tras extraviarse, Barth tuvo que beber su propia sangre a causa de la deshidratación. Eso ciertamente no ayuda por una cuestión simple: Las hemorragias deshidratan, aunque tal técnica puede servir como placebo.

De su excursión por aquella montaña en la cual, según las creencias de los lugareños habitan fantasmas, el explorador alemán solamente sobrevivió gracias a que fue rescatado por unos beduinos cuando ya estaba deshidratado y delirando, abandonado a su suerte. Pero este hecho también es encomiable, puesto que muchos habitantes del desierto por aquella época desconocían a los Europeos y los robos y abandonos a la suerte no eran infrecuentes. Si Barth fue rescatado ello habla bien tanto de los beduinos que auxiliaron a una persona en necesidad como así también del hecho de que a esas alturas la expedición era bien vista en la región. Esta expedición, dirigida por James Richadson, había sido enviada al Sahara en 1850 por una sociedad bíblica inglesa para inquirir sobre la trata de esclavos, las rutas a través del desierto y las ciudades subsaharianas.

Como ocurrió en el caso de otras expediciones organizadas por entidades religiosas y a causa de las evidentes convicciones morales de sus organizadores más allá de equivocaciones metodológicas, la expedición de Richardson no cometió crueldades premeditadas contra los nativos que en el continente y a causa de su victimización que ya llevaba siglos a manos de los traficantes de esclavos extranjeros - cristianos y musulmanes - ello tuvo evidentemente un impacto: De las primeras acciones de esta expedición que actuó con buena voluntad hacia ellos se debe en gran medida el hecho de que pese a todas las dificultades Barth pudo concluirla. De cualquier forma, Barth cometió un error grave cuando intentó visitar el Monte Idinen en solitario, como fue subestimar el riesgo de la montaña, porque el Idinen no parece una cumbre particularmente difícil sino más bien la clase de objetivo que uno se plantearía como excursionista un fin de semana. Ninguna montaña debe tomarse a la ligera, y mucho menos aquellas que se encuentran en lugares inexplorados. Este es el tipo de subestimación en el que caen con frecuencia incluso avezados montañistas pero que están acostumbrados a practicar su deporte favorito en regiones como los Alpes, los Pirineos, u otras cadenas relativamente habitadas y frecuentadas. Las montañas inexploradas, pese a aparentar poco riesgosas, contienen un factor adicional de riesgo implícito en el propio hecho de ser aún desconocidas; las escalas de grado de dificultad para el ascenso a las que son tan afectos los montañistas no contemplan este punto que hace que el montañismo de exploración sea fundamentalmente diferente del deportivo. Las técnicas pueden ser similares en ambos casos, pero las cosas no son iguales ahí arriba.

Incluso en territorios aparentemente conocidos, o cuando la extensión de la zona desconocida es relativamente menor, como en el caso del Cero Eiger en Suiza, esa subestimación o mal concepto sobre las gradaciones de dificultad puede conducir a catástrofes como las de Sedlmeyer y Mehringer, que murieron congelados, o de la expedición de Hinterstoisser, Angerer, Rainer y Kurz que perdieron la vida al no poder regresar simplemente por haber cometido el error de quitar una cuerda de aseguramiento cuando debían haberlo dejada fija para poder regresar. Desde luego, no sabían que no tendrían salida y deberían volver por donde habían partido, pero eso es precisamente lo que implica visitar un lugar inexplorado: Se debe ser mucho más cauto que en otros sitios. Estos consumados alpinistas no pudieron seguir la ruta que se habían propuesto, ocurrió un accidente, tuvieron que regresar, pero cuando intentaron colocar la soga nuevamente, no pudieron. Por eso tuvieron que intentar una ruta mucho más peligrosa y se convirtieron en víctimas de un último accidente.

Pero Barth aprendió de errores como este, cosa que queda evidenciada simplemente porque él fue el único sobreviviente de esa expedición que duró un lustro. Barth inició su participación en dicha expedición como un aprendiz y tuvo algunos roces con el líder de la misma, muy probablemente a causa de las diferentes personalidades. El hecho de que Barth sobrevivió pero su jefe no puede tener algo que ver con el hecho de que Barth hubiera sido en realidad, mejor empleado como jefe de la expedición, aunque también hay que tener en cuenta que al no tener experiencia su auspiciantes - los que financiaban el emprendimiento explorador - probablemente se hubieran sentido inhibidos de hacer algo así, sobre todo considerando que el líder ya tenía experiencia en la materia.

Lo que merece un comentario es la persistencia de Barth en continuar la expedición pese a todos los problemas que experimentó; indudablemente el éxito que tuvo en materia de exploración, los sitios a los que arribó, la recolección de material científico y el levantamiento de cartas geográficas del continente que fue el primer relevamiento preciso de áfrica que se efectuó, junto con el hecho de que dicha expedición se comportó de manera amistosa con los nativos, algo que no siempre ocurrió durante el período de exploración y conquista del continente africano por parte de los europeos, nos muestran dos cualidades esenciales de un líder auténtico: la persistencia y la decencia moral.

Es mucho más fácil pretender - digo pretender porque si no se poseen esas cualidades se cae en la pantomima del liderazgo - liderar dejando que otros hagan el trabajo duro o siendo cruel, sobre todo si la tecnología de las armas o el poder le favorecen a uno. Pero el liderazgo no consiste en la imposición forzada de nada sino en la emulación; de hecho, no se puede decir que un personaje como Tamerlán fuera un líder, sino que era solamente un jefe, justamente porque su poder devenía del terror y no del aprecio de su gente. Por eso es incluso que en organizaciones coercitivas pocas veces se puede hablar de liderazgo: Las agencias recaudadoras de impuestos, por ejemplo, no poseen nunca auténticos líderes sino jefes formales, aún en las sociedades democráticas.

Se puede argüir que una expedición armada o una unidad militar también son coercitivas y sin embargo han existido grandes líderes en ambos casos, como Hernán Cortez o el General Patton, pero entre estas dos cosas y una auténtica organización coercitiva - ya sea legal o no - hay una diferencia sustancial, y es que el expedicionario o el soldado enfrentan riesgos para la vida, mientras que el burócrata básicamente no. El liderazgo en una unidad de combate deviene de la necesidad de convencer a sus integrantes de arriesgar sus vidas en una batalla y para ello hace falta liderar con el ejemplo. En cambio, en una organización coercitiva lo que se le pide al demandado es que cumpla bajo apercibimiento o amenaza de algo que le puede suceder si no cumple y no hay necesidad de liderar nada por el ejemplo, sino solamente amedrentar y presionar. Se le puede dar un tinte legal a todo el asunto, pro supuesto, pero en esencia, sigue siendo lo mismo. Como vemos, las expediciones pueden contar con líderes que sean respetados como tales más allá de lo sanguinarios que podrían ser. Esas expediciones pueden resultar exitosas, como lo fue Cortéz, en sus objetivos pero nunca alcanzan la grandeza.



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