Abandonando aventureros: ¿una muestra de falta de liderazgo?

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Pablo Edronkin

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De tanto en tanto nos enteramos de las noticias acerca de algún hecho por el cual alguna persona se extravía, queda herida o aún peor en el contexto de alguna actividad al aire libre, mientras que sus compañeros de viaje continúan haciendo sus cosas casi sin percatarse del problema. ¿Por qué sucede esto?

Este es un fenómeno que pareciera centrarse sobre todo en dos clases de gente: los que aparentemente saben muy poco y los que aparentemente saben mucho. Es obvio que los principiantes están muy expuestos a cometer errores que otras personas más avezadas no cometería, como por ejemplo, permitir que el grupo de campamentistas o aventureros en el que se encuentran se separe durante una marcha a causa del diferente rendimiento de cada uno de los participantes. Así es como se forman largas filas, con los participantes de una excursión o una expedición separados entre sí a veces por cientos de metros, y siempre se repite el mismo problema: cuando todos llegan un destino, a un descanso o a un punto de reunión, siempre falta alguien.

Sin embargo, también en los grupos de personas con mucha experiencia esto parece producirse con cierta frecuencia mayor que en los grupos de entusiastas de las actividades al aire libre de experiencia media, aunque las razones son algo diferentes que en el caso de los novatos, casi como si se tratara de una cuestión sexual. ¿Cómo es posible?

La respuesta no hay que buscarla en la falta de conocimientos técnicos por igual, cosa que explicaría solamente el caso de los novatos, sino en la personalidad de los individuos. Y cuando estos personajes se unen a un grupo, el problema se transforma en uno de liderazgo.

En un grupo va a surgir un líder o no lo va a hacer; si las personas que lo conforman son todas de un nivel similar de experiencia y conocimientos, será menos probable que ello ocurra salvo que un individuo posea dotes naturales de líder, pues ninguno de ellos va a poder demostrarle a los demás de forma tantos subjetiva como objetiva que es aconsejable seguir sus consejos. En el caso de los novatos ello es obvio: si nadie sabe nada, nadie realmente puede aconsejar a los demás. Pero en el caso de los expertos, la cuestión puede pasar mucho más por el ego personal que por cuestiones objetivas: un "líder" en lo suyo raramente va a dejar que otro lo lidere, de quien se asume que es un igual entre iguales.

Y un buen ejemplo práctico de lo que esto significa se puede observar en la selección nacional de fútbol de la Argentina en 2010, a pocas semanas de iniciarse el campeonato mundial de la FIFA en Sudáfrica: el técnico es el legendario Diego Armando Maradona y el equipo está compuesto por excelentes jugadores como Leonel Messi, de quien hay incluso algunos que afirman que es mejor jugador que el propio Maradona. También hay que destacar que el equipo argentino ha sido el mayor ganador de premios internacionales de la historia: si bien Brasil es el que ha coleccionado más copas mundiales en el caso del equipo mayor, la Argentina ha conquistado un mayor número de premios en diversas categorías y es al presente, campeón olímpico. Sin embargo, el equipo nacional argentino de esta temporada es, histórica y estadísticamente hablando, el peor de toda la historia del fútbol en la Argentina y figuras como el propio Messi no logran descollar en el equipo mientras que sí lo hacen en los clubes en los que militan. La diferencia, entonces, no es técnica y materia de jugadores, sino que hay que hallarla en el propio director técnico y quiénes conforman su staff de entrenamiento, es decir, en los líderes.

Maradona es un genio indiscutido del fútbol, pero su meritoria historia personal paradójicamente lo condena a la hora de convertirse en un líder, pues no ha podido superar la instancia meramente formal - el haber sido nombrado director técnico - y no logra inspirar a sus jugadores. Se trata de una persona que con muchísimo mérito y talento personal salió de la pobreza y se convirtió en una celebridad por derecho propio. Pero carece de una buena instrucción formal en términos generales, por lo que su capacidad de expresión no es precisamente de lo mejor, no tiene formación profesional como director técnico - que es algo diferente que jugar - y los escándalos de su vida personal no contribuyen a mejorar su ascendente, es decir, el respeto de sus jugadores y de la gente hacia él. Su apellido vende, es muy atractivo desde el punto de vista comercial, pero queda visto que el liderazgo no es materia ni de nombramientos formales, ni de contratos lucrativos, sino que tiene mucho más que ver con lo que una persona es capaz de proyectar sobre otros, y en ese sentido a Maradona le faltan piezas que son fundamentales para lograrlo.

No puede diferenciarse de los demás jugadores, pues hay algunos como Messi que rivalizan con él o incluso lo superan ya en cuanto a las cifras que ganan, no posee un diploma que marque el punto de que él es un técnico, y tampoco puede imponerse retóricamente, pues habla y se expresa como un jugador más. Sin restarle ningún mérito por lo que hizo, su ejemplo es muy claro en cuanto a la falta de liderazgo.

Y volviendo a un escenario al aire libre, ¿qué es lo que sucede cuando en un grupo de avezados excursionistas chocan los egos? Simplemente que como cada uno sabe algo de lo que tiene que hacer y se las puede arreglar por su cuenta, el grupo tiende a disgregarse. Esto de por sí es malo, pero si a ello se agrega - por ejemplo - una herida o una incapacidad psicofisiológica momentánea, es decir, que uno de los participantes sufra un golpe, una herida o un problema médico, el grupo se separará y no habrá nadie para ayudar al afectado.

Salvo algunas excepciones notables como la de Saburo Sakai, un famoso aviador japonés que voló miles de kilómetros para retornar y aterrizar exitosamente en su base después de que un proyectil le quitara un ojo y le atravesara el cráneo mientras combatía sobre Guadalcanal, hasta las personas más experimentadas pueden tornarse en físicamente muy débiles cuando confrontan una situación de supervivencia. Abandonarles es tan malo como hacerlo con un novato.

La pregunta inevitable es entonces ¿por qué un grupo de personas abandonaría a alguien en necesidad dado que el simple sentido común indicaría a cualquiera que no debería hacerse tal cosa? La respuesta hay que encontrarla en el ego: puede haber enojo o celos dentro del grupo contra esa persona, cuestiones de género, sexuales, pasionales y competencia, y también puede que el ego le indique a los demás integrantes del grupo no deberían dejar que la aparente necedad de una persona les arruine - por ejemplo - la fase final de su ascenso a una montaña con la que han estado soñando, como el Everest o el Acongacua. Bajo ciertas condiciones, hasta los expertos pueden llegar a creer que aparentemente no habría problema en dejar a personas en evidente necesidad de ayuda solos por un rato. Eso no hay que hacerlo en una ciudad, y mucho menos a grandes alturas o bajo otras condiciones extremas.

Tal situación desnuda claramente la falta de liderazgo dentro de un grupo semejante, a diferencia de lo que es un equipo; juntar a varias personas con mucha experiencia no necesariamente produce un equipo aunque por definición, siempre produce un grupo o conjunto. Un líder, frente a una situación semejante, claramente haría detener la marcha del grupo pues el liderazgo siempre viene atado de la responsabilidad. Irónicamente, semejante tipo de grupos sin líderes resultan más peligrosos para los propios participantes que si estuvieran realizando las actividades extremas de su preferencia por su cuenta, porque como hemos demostrado, a la hora de brindar colaboración no sirven, no le dan al individuo el apoyo invaluable de un equipo y ni siquiera la solidaridad que indica el sentido común. Por eso es que es tan importante para un grupo de novatos como para un grupo de expertos contar con un líder claramente establecido.


¿Qué pasaría si se dejara a alguien atrás en un ambiente como el que vemos en el video?





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