La caída de River Plate: una metáfora de toda la Argentina

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Pablo Edronkin

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River Plate, uno de los clubes argentinos de fútbol de mayor tradición del mundo, productor de talentos mundialistas y otrora de la talla de otros clubes internacionales, ha descendido de categoría en medio del escándalo y los disturbios, emulando la decadencia de su propio país.

La caída de un gran club es siempre triste, pero en este caso no inmerecida. River jugó mal y viene jugando mal por varios años, pero el partido final en el que no pudo vencer a Belgrano en el partido de vuelta en su estadio de Buenos Aires, tras haber perdido el primer encuentro definitorio en la ciudad de Córdoba se transformó en un innecesario escándalo que ya ha alcanzado las portadas de los periódicos del mundo.

No solamente se trata de un notable hecho de incompetencia deportiva y en términos del liderazgo de sus dirigentes tanto a nivel administrativo como técnico, sino una demostración de varias otras cosas que atañen al país sudamericano, y de las cuales se debería tomar conocimiento y conciencia.

El esquema organizativo del fútbol argentino, con una reciente intromisión de la política, no está brindando resultados satisfactorios. Basta recordar algunos desastrosos encuentros de la selección nacional contra Bolivia, Brasil y Alemania. A manos de Diego Armando Maradona, colocado a dedo como técnico de la selección y por presión del difunto Néstor Kirchner, el seleccionado albiceleste sufrió la peor de las campañas de toda su historia. Maradona, muy popular, recibió objeciones amplias de parte del público y especialistas que aconsejaron que no fuera técnico dado que no contaba con un título habilitante. El gobierno argentino utiliza al fútbol con fines proselitistas, y eso se nota en lo deportivo, pues el rendimiento es cada vez peor. Las humillantes derrotas que sufrió el seleccionado permitieron comprobar que si bien la educación es costosa, la ignorancia lo es más.

Tras la salida de Maradona, el seleccionado argentino obtuvo un rendimiento algo mejor – recordemos la severa derrota que le propinó a España en Buenos Aires, muy poco después de que los españoles hubieran alcanzado la copa mundial, en el mismo estadio en el que perdió River. Sin embargo, el rendimiento argentino ha sido irregular, perdiendo algunos encuentros importantes. Es decir, continúa sumido en una especie de borrachera de mediocridad de la cual cuando se despierta, es capaz de propinar algunos manotazos que indican que no todo está perdido y es posible recuperar el brillo de antaño, aunque hace falta un profundo cambio en muchos aspectos.

River Plate se ha hundido y no se sabe a ciencia cierta cuando se podrá recuperar. Pero su derrota no significa solamente un serio problema futbolístico, sino un problema de toda la sociedad argentina, aunque sea porque denota síntomas de irresponsabilidad, ignorancia y negligencia a todos los niveles: en las horas previas al encuentro con Belgrano, en el estadio Monumental de Buenos Aires – en el que se jugó entre otros, el partido final de la copa de la FIFA de 1978 en el que Argentina venció a Holanda – se aconsejó desde diversas fuentes que el encuentro se disputara sin público.

Pero al mejor estilo de una republiqueta bananera, la propia presidente del país, según informaron medios como el centenario periódico La Nación, intervino para habilitar el encuentro con público desautorizando a los críticos: "La presidenta Cristina Kirchner se había involucrado personalmente en la seguridad del encuentro." (Cancha Llena, del grupo La Nación). Los resultados quedaron a la vista, con decenas de heridos, algunos de suma gravedad, destrozos, ataques a periodistas, incendios y disturbios. La presidente del país cometió un error garrafal que muestra su desconocimiento del tema seguridad, del mismo modo que la ministro respectiva, Nilda Garré, abogada de profesión pero no especialista o graduada en temas relativos a la seguridad. Puede destacarse que el cuñado de la señora Garré era Fernando Luis Abal Medina, fundador del grupo terrorista Montoneros. El General Pedro Eugenio Aramburu fue asesinado de un disparo por el Sr. Medina, en 1970 y su hijo es actual funcionario del gobierno de la Sra. Kirchner. Quizás tales proezas sean las que inducen a pensar que existe allí alguna capacidad para manejar temas de seguridad, pero entre mantener a raya a un hombre secuestrado y maniatado, y conservar el orden público en un país hay cierta distancia.

Pero ¿qué se puede decir de un gobierno donde el curriculum vitae de una ministro incluye una relación personal con un asesino? ¿Y qué se puede decir de una sociedad que tolera tal cosa y peor aún, vota a semejantes gobiernos? Que pese a que las tragedias son lamentables, las merecen por no usar la inteligencia.

Desde el gobierno y sus acólitos se lazaron voces críticas hacia sus críticos, tratando de eludir el tema con preguntas como ¿y qué habrían hecho? y afirmaciones que sugieren que el desborde no se hubiera podido contener. La respuesta a eso es que para pensar cómo mantener el orden es que justamente se les eligió y se les paga el salario con los impuestos de la gente, y si no saben cómo evitar desmanes, sencillamente no se debería disputar el encuentro o ellos deberían renunciar para que otros que sí saben se hicieran cargo de la seguridad. No se puede liderar en base a excusas. Durante la copa mundial en Sudáfrica, las fuerzas policiales y la burocracia migratoria se encargaron de deportar ipso facto a todo fan, hincha, hooligan o barrabrava que pisaba el suelo sudafricano. No hubo desmanes. Y por otra parte, malos resultados deportivos y el descenso de categoría son cosas que le suceden a muchos clubes de todo el planeta y no por ello se generan disturbios como los vistos en Buenos Aires.

Sin lugar a dudas, la ineptitud del personal técnico del club debe ser mencionada: el director técnico del equipo J.J. López también. Es la cuarta vez que un equipo dirigido por el Sr. López desciende de la categoría A a la B. Y a esto hay que agregar que los dirigientes del club fueron votados en elecciones libres por los miles de socios de River Plate. El argentino, a nivel club, municipio, provincia o país, vota alegre y tontamente a cualquier caudillo sin pensar si tiene capacidad técnica para lo que promete, y en hechos como estos se ven las consecuencias. Tómese el desastre político y económico de 2001, los golpes de estado, al autoritarismo del gobierno actual, las goleadas a la selección argentina y la caída de River, las razones son siempre las mismas: Claudio Mauri nos dice "Sólo faltaba el helicóptero en el que se fue De la Rúa, que en este caso le habría servido de salvoconducto a Passarella, para que la escena que se vivió en el Monumental fuera un remedo bastante similar al de aquella aciaga jornada de diciembre de 2001" (Cancha Llena).

Semejantes fracasos solamente se podrán revertir cuando se preste más atención al mérito, a la asignación de premios y responsabilidades en función de los logros y los resultados, y cuando se preste menos atención a las opiniones de los inexpertos que desde el poder intentan inmiscuirse en cosas para las que no están preparados. Ineptitud supina, falta de honradez, falta de idoneidad, y en suma, falta de inteligencia, porque el no poder resolver los problemas de forma reiterada indica precisamente esa carencia. Mientras tanto, quien quiera apostar en materia deportiva y otras puede hacerlo, siempre y cuando sea en contra de River, y también, lamentablemente, la Argentina, porque dado que esta debacle deportiva se origina en buena parte en cuestiones de orden cultural y social, de tolerancia a la incompetencia y la falta de uso de la inteligencia, cualquier similitud con la decadencia de la Argentina no es mera coincidencia.


Futból playero argentino.





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