Intuición estratégica: los líderes y los proyectos extraños

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Pablo Edronkin

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De vez en cuando aparece algún líder en alguna parte que afirma que tiene un plan extraordinario; algunos de esos planes son simplemente quimeras, pero de vez en cuando, cosas como la promesa de llegar a la Luna se tornan realidad. En esto tiene mucho que ver la calidad del liderazgo. ¿Qué hace falta para obtener tal calidad?

Hay dos razones por las que un líder puede aparecer un día en un atril y proferir alguna promesa estrambótica como construir alguna obra de ingeniería digna de Khufu y su pirámide de Giza, enviar exploradores al espacio o desarrollar alguna tecnología nueva y en apariencia inalcanzable. Una de estas razones reside en la pura ignorancia del líder; es decir, hace falta ser muy bruto para prometer algo de lo cual no se tiene idea de las dificultades existentes para alcanzarlo simplemente porque se ignoran muchas más cosas. La otra razón es porque el líder es exactamente lo contrario: una persona muy instruida y capaz que sabe que nada es imposible y que lograr un gran objetivo como el que tiene en mente, por más lejano que parezca puede ser alcanzable. Esto no es hacer futurología o simples predicciones astrológicas sino haber alcanzado la capacidad de tener una intuición estratégica que solamente aparece como resultado de una gran experiencia y sabiduría.

La diferencia entre un simple Hotepsekhemwy y un presidente Kennedy reside precisamente en esto. Desde luego, nada de esto hace que tales líderes sean perfectos ni mucho menos. Del faraón Hotepsekhemwy se sabe bastante poco por la escasez de registros históricos de su período histórico en Egipto, y por cierto que ha resultado un tanto intrascendente en la historia, pero no por ello se puede afirmar a ciencia cierta que era un hombre sin cualidades, y del mismo modo, el presidente John F. Kennedy cometió muchos errores pero ¿cuál fue el saldo final de la vida de ambos hombres? Aquel faraón apenas quedó registrado en la historia, mientras que los Estados Unidos, gracias a la visión de Kennedy, alcanzó la luna en 1969.

La credulidad de la gente, desde luego, ayuda, pues cuanto más ignorante en forma promedio sea un pueblo, más sencillo resultará engatusarlo; sin embargo, como no hay peor ciego que el que no quiere ver, cuanto más ideologizado esté un pueblo, aún si está medianamente instruido, más sencillo resultará tomarle el pelo. Así es como líderes del talante de Idi Amín sostenían que invadirían con sus fuerzas Ugandesas a países como Sudáfrica o Israel, pero también es como un presidente Bus engaño a la gente del país más poderoso del mundo para ir a una guerra en Irak con el objeto de buscar armas de destrucción masiva que no existían. En el caso de los ugandeses se puede aceptar compasivamente que siendo pobres y teniendo poco contacto con el mundo exterior, se convencieran de lo que su líder les impuso por coerción y persuasión. Pero en el caso de la gente de los Estados Unidos y en la era de Internet, ellos podían escuchar las opiniones del mundo entero desaconsejando en todos los términos posibles lo que pensaban hacer. Desde luego, ambas cosas terminaron de la misma manera: las fuerzas aéreas de Uganda fueron borradas del mapa por una expedición de rescate montada por reservistas israelíes en los setenta, que tomaron brevemente el aeropuerto internacional de Entebbe para rescatar a decenas de rehenes de un secuestro aéreo, y en el caso de las fuerzas armadas de los Estados Unidos en Irak, su performance tiene el perfume de la derrota.

Por lo tanto, para que exista y se desarrolle positivamente la intuición estratégica no resulta indispensable que un grupo social esté compuesto por gente particularmente cultivada. Sí es necesario que los líderes lo están, pero que además sean personas íntegras: No hay ninguna duda de que hace cien años, las personas que pertenecían a la aristocracia europea y a la élite gobernante disfrutaban de muchas más oportunidades en la vida que el ciudadano europeo común y sin embargo, con toda esa educación que tenían no pudieron evitar los conflictos internacionales y prácticamente provocaron la primera guerra mundial sobre la base de intrigas y una pésima diplomacia. La guerra, hasta ese entonces, era considerada entre los aristócratas como una suerte de deporte o actividad social sin tener en cuenta el valor de la vida, de la cultura y del medio ambiente que se destruye.

De todo esto se deduce que para que se produzca en una sociedad o grupo un cambio de paradigma gracias a la intuición estratégica son necesarios dos ingredientes: líderes con una educación excepcional, y un sistema de valores muy fuerte. Ni más ni menos.


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