Normalmente son los líderes los que están por delante de su pueblo, pero a veces puede ser al revés

Clic aquí para contactar al autor
Pablo Edronkin

Lecturas sugeridas

37 ideas para aprender a liderar

Supervivencia, evolución y eficacia de las dinastías: la Casa de David

La apuesta que Meir ben Barukh von Rothenburg hizo contra sí mismo

La supervivencia y continuidad de las dinastías

Cosas relacionadas con el liderazgo

Productos y servicios

Cosmic Cat - Un juego cósmico y gratuito

Ruleta Americana Gratis

Ruleta Europea Gratis

Jacks or Better Power Poker

Blackjack Gratis

Energía verde

Juegos gratis

Información deportiva y apuestas

Aumente sus ingresos para vivir libremente

Compartir / Favoritos

¿Qué es lo que pasa cuando el liderazgo resulta inefectivo y el público demuestra pensar de forma más sensata que sus propios líderes?

Ser un líder implica mayor habilidad y poder; los líderes son en efecto, más hábiles y poderosos que las personas a las que lideran. Si no hubiera gente que se destaque, no habría líderes sino alguna otra forma de organización jerárquica. Su mayor cultura, habilidad, inteligencia, conocimientos prácticos, experiencia, etc. es lo que los lleva a una situación de mayor responsabilidad gracias al mejor aprovechamiento que hacen de las oportunidades que se les presentan. La gente espera eso de los líderes y en el fondo los individuos comunes desean saber que quienes entienden en los asuntos relativos a la dirección y administración de la sociedad de la que forman parte están preparados para ello. Qué es lo que entienden preparación es otra cosa, pero en otras palabras, la gente siente la necesidad de saber que están en buenas manos. Cuando una persona cae enferma en la calle y aparece alguien que dice ser médico para asistirlo, los transeúntes ni lo cuestionan: la sola revelación de tal profesión es suficiente como para que todo el mundo le deje hacer a este autoproclamado médico lo que crea que tiene que hacer sin siquiera pedirle alguna clase de identificación para constatar que realmente es alguien capacitado.

Y este es el mismo tipo de confianza que la gente suele depositar en sus líderes o en el sistema que comprende a los mismos: Si en la elección última que hubo en su país y si allí las cosas funcionan más o menos bien, pero no ganó el candidato de su preferencia, de cualquier manera usted habrá aceptado al ganador como a su propio líder también. Sin embargo, a medida que el sistema - en este caso político - se torna menos eficiente a la hora de dar alguna clase de resultados a los ciudadanos, la aceptación del líder será más tenue porque así también será el grado de aceptación del sistema que lo legitima.

Lo habitual es que la gente confíe en el líder y éste, gracias a su mayor capacidad de visión y a la libertad de maniobra que le otorga la confianza de sus subordinados o ciudadanos, tanto de forma directa como así también por el respeto que tienen por las reglas definidas dentro del sistema que los contiene, pueda tomar medidas para el bien común pensando en el futuro. Lo habitual es que la gente confíe en la naturaleza humana de sus líderes pero ¿posee esta confianza un fundamento auténtico?

Pese a las creencias como que la democracia lo puede todo o el sistema de por sí va a subsanar los problemas, la experiencia práctica indica que tal confianza no puede ser considerada como algo axiomático. En el pasado la gente también tenía confianza incuestionable en otros sistemas de distribución de poder. En efecto, sabemos que antes de que existieran las democracias los sistemas de ordenamiento social y gobierno que imperaban se demostraron imperfectos y fue esa imperfección la que en definitiva generó a las democracias: en un sistema monárquico puro a los líderes los elige supuestamente Dios ¿y en quién podría confiar más un creyente? Sin embargo, en los asuntos terrenales, el resultado de la gestión de numerosos monarcas distó mucho de los ideales divinos o religiosos. Del mismo modo, existen situaciones en las que ni la democracia puede garantizar que los líderes legítimos se encuentren a la cabeza de la búsqueda de solución para ciertos problemas de la comunidad, sino más bien no hacen nada o son parte del problema.

Y uno de los principales problemas que tenemos en una democracia es que su liderazgo se basa fundamentalmente en leyes que prescriben normas, pero esas normas, si bien pueden ser legales, no necesariamente son correctas. Es importante entender que el bien y la ley no son lo mismo: a veces las leyes encarnan la ineficiencia, la ineptitud o el mismísimo mal para una sociedad, dependiendo de cómo se crean y de cómo evolucionan mientras tengan vigencia legal. La segunda diferencia es que pese a lo que se diga, no somos todos iguales ante la ley. Cuanto más poderosa es una persona, mayores posibilidades tiene de salirse con la suya y de escapar al castigo de la ley. Es cierto que hubo casos en los que incluso algún que otro presidente cayó debido a un escándalo, como fue el caso de Richard Nixon, pero hay que recordar que poco después de que terminara el asunto de Watergate su sucesor, el presidente Ford, esencialmente lo perdonó haciendo uso de sus atribuciones y Nixon nunca vio los barrotes de la cárcel por lo que hizo, cosa que habría sucedido si en vez de presidente de un país hubiera sido el presidente de una compañía comercial.

Maddoff, el tristemente célebre financista fue condenado a ciento cincuenta años de cárcel por el fraude que cometió, pero el presidente Bush no fue siquiera criticado por el desastre económico del cual él es personalmente responsable porque era el presidente de su país cuando se produjo la crisis financiera que demolió a Maddof y otros popes y gurúes del mercado financiero, sin mencionar los ríos de sangre que han corrido durante esa administración y las varias campañas militares en las que colocó a su país. Si un ciudadano común atropella a alguien con su auto ya tiene un enorme problema legal, pero un presidente puede con su negligencia causar la muerte de miles, y nada le pasará.

Estos son ejemplos que prueban que no se debe ni se puede esperar que los líderes realmente estén en un sentido espiritual y moral al frente de sus naciones o corporaciones. Pero como nada es gratuito en el mundo, lo que no funciona produce de por sí alguna clase de desgaste adicional. La falta de calidad en el liderazgo no puede medirse de forma aislada sino que debe entenderse siempre en el contexto: que un país tenga un mal presidente no significa simplemente que durante algunos años las cosas van a manejarse mal, sino que de por sí, al no mejorarse, empeoran porque el funcionamiento de una sociedad es algo dinámico y relacionado con el devenir de otras sociedades, las cuales sacarán ventaja. Si los países o los grupos fueran cosas totalmente aisladas, una ineficiencia o un error momentáneos significarían solamente eso, un contratiempo, pero si hacemos una analogía con lo que pasa en un partido de fútbol, se ve claramente el efecto: errarle al arco del adversario, cuando uno está jugando solo, implica simplemente tener que perder algo de tiempo para ir a buscar la pelota que seguramente acabará su trayectoria balística a unos metros de la cancha. Hacer lo mismo durante un partido de verdad implica haber perdido una oportunidad y hasta que la conformación de momento de los jugadores en el campo de juego sea tal que el adversario tome ventaja por sorpresa e incluso marque un gol. Los tantos por contraataque rápido no son extremadamente raros.

La organización para solventar exitosamente tales situaciones depende del líder que dirige al grupo que las experimenta. Es, en un equipo futbolístico, el director técnico quien debe organizar la táctica del juego de manera tal que semejantes sorpresas no tengan lugar. Ahora bien, si el equipo comete reiteradamente errores de este tipo el público - los fans - empezará a inquietarse mientras el técnico del mismo niega todo y sigue asumiendo que su forma de hacer las cosas es la correcta y que pese a los malos resultados, ajustando alguna que otra cosa obtendrá lo que desea. Un ejemplo muy claro y actual de esto es la gestión de Diego Armando Maradona en la selección nacional de fútbol de la Argentina: bajo su mandato y al menos hasta antes del mundial de la FIFA en Sudáfrica, en 2010, el seleccionado de Maradona ha sido el peor de la historia argentina si se compara sus resultados con aquellos que son históricos. La mayor parte de los encuentros los perdió, y de los pocos que ganó, lo hizo por muy poco. El público argentino considera a estas alturas que Maradona no sirve en la posición que detenta, pero el técnico insiste en que no juegan mal y que solamente tienen que hacer un par de modificaciones.

La posición de Maradona al frente del seleccionado argentino de fútbol depende formalmente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) pero en un deporte espectáculo como éste no puede dejar de tenerse en cuenta la influencia del liderazgo informal; lo que piensa la gente importa, aunque sea porque frente a un técnico que aporta malos resultados la gente pierde interés por el asunto y los cuantiosos contrarios publicitarios tarde o temprano se achican. En casos extremos, la falta de liderazgo informal termina por imponer la realidad y pese a la legitimidad del liderazgo formal, el líder termina por ser sustituido. Esto constituye en sí mismo, un fenómeno que tiene todas las características de una revolución.

La forma en que el poder informal se impone sobre el formal ya la hemos analizado en otra ocasión; lo importante en esta caso es reconocer que para que ello suceda o como paso indispensable, la visión de lo que se desea obtener por medio de un liderazgo dado por parte del líder debe quedar rezagada respecto de la visión informal que tienen los propios seguidores de dicho líder. En estos casos, el líder, en realidad, es el conjunto de subordinados; es una entidad abstracta e informal que indudablemente no puede hacer mucho más que reemplazar al líder formal existente, puesto que desde lo difuso resulta imposible ejercer un liderazgo práctico. No se puede liderar de forma ejecutiva desde un parlamento. Entonces, cuando se da el caso de que un líder queda superado por la propia gente que debería liderar a causa de sus propios errores, se convierte en redundante y por lo tanto en un problema en sí mismo; cuanto antes, debe ser sustituido.


Dedicados a la exploración, el conocimiento y la aventura.





Búsqueda rápida

Videos

Páginas web relacionadas

Foro de Andinia

Normas para la reproducción de este artículo

Otros

Artículos Directorio Tienda Foros

Exploración, naturaleza, deportes y aventura al aire libre en © Andinia.com