La goleada de los gauchos a los pingüinos

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Pablo Edronkin

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El gobierno de los Kirchner, "expertos" en política, ha perdido por goleada, como una selección nacional de fútbol humillada por gauchos principiantes en asuntos deportivos. En su puja de cuatro meses contra los productores agropecuarios, el gobierno argentino ha sucumbido finalmente frente al voto negativo de la mitad de los senadores nacionales y su propio vicepresidente, en una demostración de debilidad extrema; como consecuencia de las acciones gubernamentales, ahora su propia supervivencia ha quedado entredicho.

Una catástrofe: En esto se puede resumir el resultado del paro agropecuario para el gobierno, y hasta nosotros, en Andinia, lo veníamos vaticinando. Un absoluto desastre del cual deben aprender todos los interesados en estudiarlos fenómenos de liderazgo, pero también los políticos, los ambientalistas, y toda aquella persona que tenga que ver con la producción agropecuaria que en definitiva, influye enormemente en una serie de asuntos pendientes en el mundo como la deforestación, el aumento de los precios de los alimentos, la producción de bío-combustibles, etc.

Un gobernador aliado al matrimonio Kirchner había dicho hace un par de semanas una frase poco feliz que le granjeó a su vez, la pérdida de gran parte del electorado de su provincia, Buenos Aires: "Con la comida no se jode" dijo el gobernador Scioli, y por lo visto, con los impuestos tampoco. El problema es que con un sector agropecuario muy fortalecido, a este gobierno y a los que sigan detrás les va a costar mucho fiscalizar las actividades del campo realmente donde hace falta, como por ejemplo, para controlar el todavía discutible pero potencialmente peligroso impacto ambiental de la extensión creciente de los sembradíos de soja. Al intentar dominar, los líderes argentinos en realidad lograron exactamente lo contrario, y han debilitado al estado más de lo necesario.

Ha sido finalmente una derrota aplastante y sin atenuantes la que sufrió la presidente Cristina Fernández de Kirchner tras haber intentado aumentar los impuestos a las exportaciones agropecuarias de un treinta y cinco al cuarenta y cuatro por ciento, pese a los tozudamente infantiles shows mediáticos ensayados con inmediata posterioridad y demostraciones de temeraria soberbia jurídica y estupidez política sin límites aparentes, pequeñas monedas con las que intenta tapar el sol.

La presidente debería saber a estas alturas que conserva su puesto y se le ha evitado una humillación de proporciones históricas al ser erradicada del sillón del jefe de estado simplemente porque la gente le tiene lástima y le quiere dar una segunda (y última) oportundidad que parece resistirse a aprovechar.

Tras una rebelión fiscal de varios meses en la que pudo constatar pese a su ceguera estadística autoinducida cómo su popularidad a nivel nacional se estrelló de cerca del cincuenta por ciento a un solo dígito en muchos distritos. Las consecuencias todavía están por verse pero el gobierno ciertamente ha perdido el control del congreso sin necesidad de una elección que lo castigara, la otrora poderosa de por sí Sociedad Rural Argentina, capaz de influir en decisiones políticas con su capacidad de hacer lobby ahora se ha aliado con las demás organizaciones ruralistas conformando una entidad con mucho más poder económico y de convocatoria que cualquier otra organización social o política del país.

Legisladores oficialistas de todos los niveles defeccionan a diario, la presidente y su entrometido esposo y ex presidente (calificado como "presidente de facto" o bien como "ex presidente en funciones" por diversos intelectuales y periodistas), se van quedando solos y con demasiados enemigos, les esperan los fantasmas de otros problemas sin resolver, purgas y "serruchadas de piso"; no han podido lograr nada de lo que pretendían, pues ciertamente, los perjuicios económicos para el país han sido con creces mayores a lo que el gobierno pensaba recaudar por medio de estos inflados impuestos y la gente los observa con enorme desconfianza o con una discreta satisfacción al pensar que finalmente han sido puestos en casilla.

Mientras que los operadores económicos y la población en general respiran aliviados por lo que el propio vicepresidente del país, el ingeniero Julio Cobos hizo al votar en contra del proyecto para convertir en ley la resolución ministerial y el decreto que buscaba aumentar las retenciones a las exportaciones del agro, precipitando su rechazo formal en el senado, una crisis política sin precedentes se abate sobre el oficialismo, a lo que se suma la imagen de incapacidad para gobernar y hasta insanía mental que el ex presidente Néstor Kirchner, su esposa y sus íntimos allegados como su hijo y algunos de sus ministros proyectan sobre la opinión pública. Reportes que hemos recibido de fuentes fidedignas nos indican que tras la derrota hubo una entre tantas reuniones post-parto entre algunos legisladores oficialistas y la presidente... a gritos. Los Kirchner, aparentemente incapaces de comprender la magnitud del problema, recibieron como parca respuesta que es la última vez que van a ser apoyados por sus bases políticas.

El apellido Kirchner quedará probablemente como un sinónimo de lo que no hay que hacer en materia de liderazgo; es ciertamente infrecuente que un líder busque destruir sus propias fuentes de poder e ingresos (ver The Age of Discovery and its Financiers). Los políticos del mundo en general harían bien en aprender de este caso, para que al menos así sirva de algo en lo que respecta a la creciente problemática de la producción de alimentos y sus implicancias y ramificaciones. Con la comida no se jode, como dijera el gobernador Scioli, pero con los impuestos, menos aún; eso lo debería saber cualquier gobernante mínimamente instruido en las lecciones de la historia, y con un mínimo de sentido común y coherencia en su cerebro.

Aunque por supuesto, como entre los ciegos el tuerto es rey, los Kirchner hasta pueden parecer buenos líderes a causa de la mala calidad del liderazgo argentino en general y probablemente los "K" irán de derrotas en victorias, y nuevamente a derrotas, dilapidando los recursos de una sociedad que no es capaz de pretender algo mejor para sí misma.

¿Será este el fin del problema o el comienzo de otro?


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