Los políticos deberían indemnizar a los ciudadanos por sus errores de liderazgo

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Pablo Edronkin

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Una de las principales fallas de los sistemas políticos de siempre, incluyendo las democracias actuales, es que sus representantes y líderes no son auténticamente responsables por las decisiones que toman y las consecuencias que provocan. Esto podría mejorarse si al castigo electoral se le agregaran sanciones económicas.

¿Qué sucede cuando un ejecutivo o directivo de una empresa pierde cuarenta millones de dólares en un negocio? Con seguridad pierde su empleo y probablemente enfrente a la justicia. Difícilmente vuelva a trabajar en la misma actividad.

¿Qué sucede cuando un político hace que su país pierda una suma similar por errores en la toma de decisiones? ¿Y qué cuando lleva a una reacción en cadena de perjuicios cruzados entre los actores de la sociedad? Quizás pierda la próxima elección y quizás, si tiene muy mala suerte y muchos enemigos, enfrentará a la justicia. Luego de un tiempo, casi con seguridad volverá a trabajar en la misma actividad.

No se trata de conjeturas, sino de la observación de la realidad: ¿Qué político ha muerto en la pobreza últimamente?

Frente a problemas de magnitud que continúan irresueltos y otros que como la huelga del campo argentino causada por un incremento desmedido en las tasas de exportación y que no son otra cosa más que un impuesto, cabe preguntarse si no es hora de cambiar un poco los criterios con los que la sociedad le reclama a los políticos por sus errores. Con el escarnio de un papelón electoral no basta, pues cuarenta millones de dólares - en este caso solamente - es mucho dinero: Para el que no hay avisto nunca aunque sea un millón de dólares "en persona", cuarenta de estos representan algo así como cuarenta metros cúbicos de billetes de cien dólares muy compactamente apilados uno encima del otro.

Si en la vida privada se debe responder por toda mala decisión, si un juez le hace pagar a un médico que se equivoca una fortuna en concepto de indemnización a su paciente afectado, si las oficinas de impuestos se jactan de cobrar multas enormes a los contribuyentes que por cualquier causa se atrasan en sus pagos, si por cada producto que uno compra debe pagar un precio y si nos venden algo defectuoso nos deben devolver el dinero, entonces quizás sea hora de adjuntar al castigo político alguna clase de sanción económica a los políticos que toman malas decisiones y hacen que su país - ya sea la Argentina, España, Laos o Sri Lanka - pierda dinero.

Si usted atropella a un político con un monopatín en la calle y se le hace un juicio en una corte, deberá pagar una indemnización por el daño causado a esa persona. Pero si usted le hace un juicio a ese mismo político por haberle robado el futuro a sus hijos con políticas desastrosas como las que solemos ver ya no solamente en la Argentina sino en países como España o el Reino Unido que se suponían algo más serios, no obtendrá reparación alguna porque de formas muy elegantemente retóricas, el poder logra aislar a quienes toman decisiones de la responsabilidad por sus actos. Esto alguna vez tendrá que cambiar.

Muchas veces, los errores cometidos por los políticos son de naturaleza tan descomunal que ni con todo el patrimonio de un incompetente que causa un desastre semejante se podrían reparar los daños, pero en tal caso, incluso sancionarlo en la medida de lo posible, incautándole todo lo que se pueda en un caso extremo, se debería sentar el ejemplo, por no decir que si bien el hara-kiri resulta algo brutal en estos días, la remoción de la escena promedios no tan violentos - la inhabilitación y el exilio - deberían ser moneda más corriente (ver Supervivencia urbana: apagones y cortes del luz). Cuando el daño no puede ser reparado, aún el símbolo puede resultar suficiente para marcar el punto. Si los políticos tuvieran que responder con sus propios bienes y personas por sus errores, serían mucho más responsables; y si tuvieran que indemnizar al mundo por lo que hacen o piensan hacer, seguramente no tendríamos problemas que se avecinan como el cambio climático y la falta de energía.


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