¿Evolución o revolución?

Clic aquí para contactar al autor
Pablo Edronkin

Lecturas sugeridas

37 ideas para aprender a liderar

Supervivencia, evolución y eficacia de las dinastías: la Casa de David

La apuesta que Meir ben Barukh von Rothenburg hizo contra sí mismo

La supervivencia y continuidad de las dinastías

Normalmente son los líderes los que están por delante de su pueblo, pero a veces puede ser al revés

La estructura y los objetivos de un grupo o equipo

La trampa del final de los cursos

¿Con qué personas no hablaría un explorador extraterrestre?

Cosas relacionadas con el liderazgo

Productos y servicios

Cosmic Cat - Un juego cósmico y gratuito

Ruleta Americana Gratis

Ruleta Europea Gratis

Jacks or Better Power Poker

Blackjack Gratis

Energía verde

Juegos gratis

Información deportiva y apuestas

Aumente sus ingresos para vivir libremente

Compartir / Favoritos

Las desventajas de las revoluciones en el marco del liderazgo.

Mucho se habla de las revoluciones sociales y políticas, y de lo útiles que pueden ser para cambiar las cosas, pero ¿lo son realmente? ¿Podemos resolver con ellas problemas tales como el calentamiento global, las extinciones masivas, hambre y pobreza? ¿Hacer revoluciones es el camino a la supervivencia y el progreso de la especie humana o se trata de un autoengaño?

Es un hecho que la vida ha sobrevivido en nuestro planeta gracias a la evolución por casi cuatro mil quinientos millones de años. Las revoluciones son un invento humano de hace unos cinco o seis mil años atrás. Por lo tanto podemos decir que como metodología, las revoluciones han sido probadas alrededor de una millonésima parte del tiempo que la evolución. ¿Puede afirmarse entonces que las revoluciones son lo que necesitamos?

¿Hemos visto que un mamut se transforme en elefante gracias a una revolución frente a la caza despiadada del hombre primitivo? ¿Las ballenas se convirtieron revolucionariamente en tiburones para defenderse de sus cazadores en el siglo XIX? ¿Los ratones le han hecho a los gatos algo similar a la revolución francesa?

Nada de eso ha pasado, pero eso no quiere decir que la naturaleza no proporcione los medios para que las especies afectadas puedan sobreponerse y sobrevivir a las amenazas: los mamuts, con el tiempo, podrían haber evolucionado hasta convertirse en más rápidos y así huir de los hombres. Las ballenas podrían adaptarse a nadar a mayor profundidad o velocidad y así huir de los buques balleneros. Y los ratones hasta podrían evolucionar medios de defensa como alguna clase de coraza, o dinámicas de grupo que les permitiría contraatacar a los gatos.

Estos cambios, desde luego, no ocurren en cien, mil, o diez mil años. La adaptación y evolución lleva tiempo y a veces, como en el caso de los mamuts, otros factores como el cambio climático, el fin de la era glacial, etc. Pueden hacer que las especies afectadas se extingan antes de adaptarse exitosamente a una nueva amenaza. En este sentido es interesante leer los trabajos de Milutin Milankovic para hacer una correlación entre los cambios cíclicos del clima y cuestiones astronómicas relaivas al movimiento terrestre.

Tales cambios repentinos se convierten en la causa de extinciones masivas. Hasta ahora se trataba de ocurrencias plenamente naturales, como el impacto de gigantescos meteoritos, períodos glaciales profundos, súper volcanes haciendo erupción, etc. Pero desde que el ser humano se ha convertido en una especie tan difundida como lo es ahora, también ha adquirido la propiedad de ser causa y efecto de extinciones masivas. Y para colmo, es el intelecto humano el que también induce a pensar que con revoluciones sería posible resolver los males del planeta.

Las crisis en el planeta nunca requirieron de revoluciones

El evento P-T, la extinción masiva de finales del triásico, las erupciones de mega volcanes, el impacto de asteroides o cometas, el cambio en las corrientes marinas, el choque de continentes o las glaciaciones han acontecido y la vida los ha sobrevivido sin necesidad de revoluciones: la vida simplemente tuvo que adaptarse, evolucionó. Los organismos extremófilos no son revolucionarios, sino simples seres vivos adaptados a condiciones extremas.

Por lo tanto, aún cuando el calentamiento global terminara siendo una catástrofe, la Tierra va a encontrar su camino. El problema va a ser para nosotros. La Tierra no nos necesita, puede prescindir de los humanos. La cuestión es si queremos prescindir de nosotros mismos pero ciertamente que nuestras revoluciones, por épicas que nos puedan parecer, son como gotas de agua en los océanos.

¿Qué significa una revolución?

Una revolución es un cambio violento. En términos del medio ambiente, cualquier cambio brusco se define como una catástrofe. Por lo tanto, intentar resolver una catástrofe por medio de una revolución sería como intentar apagar un incendio arrojándole combustible.

¿Por qué tienen lugar entonces las revoluciones? Independientemente de las razones históricas o ideológicas que se esgrimen usualmente, las revoluciones constituyen procesos de cambio rápidos y que alteran un status quo imperante que por diversas razones se mantuvo más allá de lo sustentable. Las revoluciones se fundamentan en lo ideológico y en las sensaciones, en el enojo y en el comportamiento primitivo del hombre.

El solo hecho de que una revolución ocurra significa que el entorno en el que tiene lugar durante un tiempo no ha funcionado la evolución como mecanismo de perfeccionamiento y eso ha causado un gran enojo. Hasta donde sabemos en la actualidad, la evolución natural como mecanismo de supervivencia para las especies no deja de funcionar. La naturaleza no toma feriados.

Y como las revoluciones las hacemos los humanos - son sintéticas, como el peor plástico no biodegradable - porque no existen en la naturaleza, eso quiere decir que nosotros estamos jugando peligrosamente con la evolución, desequilibramos las cosas y luego encima creemos que con nuestra impaciencia vamos a arreglarlo todo. La entropía simplemente no nos lo permite.

También hay que tener en cuenta que en esencia, la diferencia entre el bien y el mal reside en lo que es natural y lo que no lo es.

Por lo tanto, las causas de cualquier revolución son antinaturales y no ocurren porque quienes las originan se sienten bien acerca del estado de las cosas sino lo contrario y por ende, las revoluciones son incongruentes con la naturaleza, que es el bien. Son el resultado de un esquema de cosas enfermo y en tal calidad, solamente pueden convertirse en una extensión del problema original, o en el mejor de los casos, en un período de convalecencia. Las revoluciones difícilmente puedan convertirse en soluciones sustentables por las mismas razones por las que la respuesta a un mal no es necesariamente el bien, sino que puede ser otro mal, incluso peor.

Estudiamos la historia de nuestras sociedades poniendo demasiado énfasis en las revoluciones porque son momentos épicos en la vida de las naciones. Valoramos a la gente que hace las revoluciones por el hecho de que se han atrevido a emprenderlas. Los resultados de tales atrevimientos son, por lo general, menos comprendidos. El punto es que al crear héroes estamos valorando en realidad el espíritu emprendedor y no tanto los resultados de sus emprendimientos. Nos estamos equivocando al creer lo que pretendemos emular.

Esos momentos heroicos de los héroes raras veces proporcionan las soluciones a los problemas imperantes. Estas se obtienen solamente después del largo trabajo que se basa en las condiciones de vida adecuadas para que se desarrolle una vida social, lo cual a veces sucede justo después de las revoluciones, pero con mayor frecuencia, solamente cuando el sentido común ha tenido tiempo para madurar y asentarse.

Las revoluciones son históricamente llamativas pero de lejos, no son las herramientas más útiles para el progreso. Se puede discutir acerca de su necesidad pero constituyen períodos de incertidumbre en los cuales pueden suceder cosas buenas o malas, y mientras existe tal estado de cosas, resulta difícil para cualquiera que esté inmerso en una de ellas pensar con la cabeza tranquila. Las revoluciones no son momentos adecuados para pensar y por lo tanto, para intentar resolver problemas.

El principal problema del revolucionario es creer que la revolución por sí sola puede resolver las cosas, cuando en realidad solamente las puede cambiar, y si lo hace, no hay ninguna garantía - ni siquiera en los ideales de la revolución - de que los cambios resulten positivos. Las revoluciones no dan lugar al progreso paulatino y la corrección o rectificación de errores pequeños. Durante una revolución solamente es posible hacer correcciones grandes y por ende, todos los pequeños problemas que pasarán desapercibidos en un primer momento, crecerán hasta convertirse en lo suficientemente grandes como para causar problemas. Y cuando esto sucede, la realidad impacta contra la revolución.

Y a este problema le sigue otro: el revolucionario trata de jugar al intelectual porque en el fondo está tratando de racionalizar su comportamiento. Con esto solamente contribuye a profundizar el auto engaño. Los intelectos realmente grandes son capaces de hallar soluciones menos violentas y costosas - pensemos en Jesús y Gandhi.

Al empezar a notarse los problemas los líderes revolucionarios se ven forzados a aceptar críticas o a reprimirlas. Esas críticas van a provenir de revolucionarios que hasta ése momento estaban totalmente de acuerdo con sus líderes. Para esos revolucionarios que adoptan un tono crítico, eso significa tener que empezar a criticar a la revolución misma en sus aspectos prácticos, y eso representa un nuevo problema.

La pretendida intelectualidad de los líderes revolucionarios se emplea entonces en tratar de negar las cosas en vez de reconocer los hechos, y cuando todo eso falla, finalmente les quedan los caminos de la fuerza o del ridículo.

En algunas ocasiones pensar independientemente durante una revolución puede convertirse en un riesgo mortal, y el revolucionario tiene que ser necesariamente un idealista, que es lo mismo que decir un ingenuo, o una persona mal intencionada. Los tontos casi nunca pueden escuchar razones, y las personas malvadas, raramente quieren hacerlo. Por eso es que los pensadores libres son tildados frecuentemente de "reaccionarios" sin que siquiera necesariamente apoyen el status quo anterior. La simple crítica es inadmisible para los tontos y para los malvados.

En otras palabras, la evolución no es para los impacientes, pero la mejoría en las condiciones de nuestro mundo, tampoco. Por lo tanto, los revolucionarios imprudentes y las personas que guían sus pensamientos sobre la base de ideologías no deberían estar más a cargo de nuestros asuntos porque solamente existen dos opciones para calificarlos: tontos o malos.

Las corporaciones: los inventados enemigos de los revolucionarios

Existen grupos de poder, desde luego, pero los revolucionarios tienden a exagerar su importancia con el objeto de exagerar la suya propia. Naturalmente que con una realidad distorsionada, raras veces es posible construir algo coherente.

En el pasado se solían inventar historias de dragones que luego se embellecían para impresionar a los demás. Hoy en día se crean "luchas" en las que se "combate" para lograr más o menos lo mismo simplemente porque ya pasó la época en la que Beowulf era una novedad.

Las mentes simples o mal intencionadas no admiten la autocrítica tanto como no admiten la crítica de los "reaccionarios". Por lo tanto, jamás van a admitir que ellos podrían tener alguna cuota de responsabilidad en la creación de las malas condiciones que condujeron a un desequilibrio suficientemente importante como para causar el reflejo revolucionario.

A esto solamente se llega por complicidad o desidia, pero como no es agradable mirarse en un espejo y ver a un cómplice o un haragán, la necesidad de hacer una revolución requiere muchas veces la creación o invención de enemigos. Para eso se toman frecuentemente a personas u organizaciones contra las cuales existan prejuicios tales como el racismo, la envidia, etc.

Puede ser que en algunos casos existan errores o justificativos - después de todo, nadie es perfecto. Pero la generación de enemigos pasa por hacer que los revolucionarios dejen de percibir al otro como alguien diferente y pasen a percibirlo como un enemigo. Y para eso no hace falta que realmente sean enemigos, sino simplemente hacer que parezcan serlo. Estos enemigos deben ser anónimos, impersonales; así es como aparecen "las corporaciones", "el establishment", "la oligarquía", "el sistema financiero", "el sionismo", etc. porque al menos al principio, es más fácil enseñar a odiar si se despersonaliza la cuestión.

Hay casos en los que sí, resulta bastante claro contra quiénes hay que hacer una revolución - los dictadores, por ejemplo. Pero en otros casos, cuando "hay que hacer" una revolución en una sociedad democrática lo que los revolucionarios olvidan es que teniendo ellos el poder de voto resulta injustificable intentar destruir "el sistema" porque ellos mismos, como votantes y ciudadanos, son parte del problema y los responsables definitivos de lo que sucede pues el pueblo es el soberano que delega autoridad en representantes legítimos.

Ellos son también quienes dejaron que - bajo su propia definición de las cosas - la situación llegara a ser tan mala como para causar una revolución. Y si nadie los escuchó en el pasado es porque no supieron transmitir su mensaje o porque dicho mensaje era absurdo y nadie le prestó atención.

¿Y qué camino tomamos?

Los problemas de escala global no se generan ni se resuelven en un solo día. La vida no evolucionó de esa manera y pese a nuestra impaciencia, por algo es así.

No podemos pretender que nuestras soluciones inventadas, probadas por unos insignificantes seis mil años en el mejor de los casos, si se comparan con los eones que le tomó a la vida perfeccionarse, pueden brindar mejores soluciones que la evolución. Por lo tanto el sentido común dicta que confrontados con la elección entre hacer una revolución o aguardar a la evolución, debemos elegir el segundo camino.

No existen las revoluciones naturales y por lo tanto, las revoluciones no son naturales y no pueden ofrecer las soluciones que la evolución puede proporcionar. Como seres conscientes, nuestra evolución ya no tiene que ser meramente biológica, sino que puede tomar características intelectuales. Por eso tenemos que dejar un tanto de lado la afición por el espíritu revolucionario para dedicarnos un tanto más a la evolución de nuestro intelecto como medio para resolver los problemas que nosotros mismos causamos o que la fatalidad y la naturaleza arrojan en nuestro camino. Esa es la forma de sobrevivir, y no dando vuelta las cosas simplemente por el placer de hacerlo.

Y como nuestra evolución no abarca solamente aspectos físicos o biológicos sino intelectuales, debemos prestarle atención a lo que hacemos con nuestras mentes. Eso significa que lo que coloquemos en nuestras cabezas va a determinar nuestra supervivencia como especie, y probablemente de todo nuestro planeta en razón de ser dominantes aquí. Por lo tanto, lo mejor que se puede hacer por el mundo es sencillamente cultivarse y hacer todo lo posible por educarse y educar a los demás.


Dedicados a la exploración, el conocimiento y la aventura.





Búsqueda rápida

Videos

Páginas web relacionadas

Foro de Andinia

Normas para la reproducción de este artículo

Otros

Artículos Directorio Tienda Foros

Exploración, naturaleza, deportes y aventura al aire libre en © Andinia.com