P. Edronkin

Las apuestas y las verdaderas adicciones de la actualidad



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El objeto de muchos exploradores modernos y de tiempos pasados consiste en encontrar riquezas, de forma muy similar a lo que hacen los apostadores en los casinos, carreras de caballos, en los bingos y otros establecimientos dedicados a todo tipo de apuestas. Entre un explorador y un apostador en realidad, no hay tantas diferencias, pues ambos creen en que lograrán lo que buscan, y están dispuestos a correr riesgos que a veces, son muy importantes.

Si esto está bien o mal es ya una cuestión de valoración moral sobre las cosas, pero el hecho es que en ambas actividades muchos pierden y pocos ganan, pero los que logran tener éxito hacen fortuna, y esto en sí no está mal y es mucho más sano que pasarle por encima a los demás, como hacen muchos políticos y empresarios en la actualidad. Basta ver de qué manera se comportan institucionalmente algunas corporaciones que buscan constantemente tornarse rentables sobre la base de reestructuración tras reestructuración, proceso en el cual solamente se desprenden de empleados y deudas pro medio de convocatorias de acreedores y otros mecanismos para evitar pagar sus deudas.

Siempre se ha cuestionado al juego y las apuestas por su supuesta inmoralidad o porque puede producir adicciones como la ludopatía, y ello puede ser cierto en algunos casos, pero los ludópata son gente psicológicamente enferma y consecuentemente, una minoría, y resulta absurdo prohibir o censurar toda una actividad que - de paso - le da trabajo a ciudades enteras porque un par de desequilibrados hacen desastres. Con tal criterio, deberíamos prohibir los autos porque a veces hay accidentes.

Pero hace falta escarbar un poco debajo de la superficie para comprender la falsedad de estos argumentos en contra de una buena parte de la industria del turismo y el entretenimiento: una 'adicción' es por definición, una actividad, un rito o un consumo de dinero del cual una persona no puede desprenderse porque se le genera una necesidad fisiológica en tal sentido. Así es como la droga, el cigarrillo y el alcohol se convierten en adicciones.

Pero ¿y cómo podemos considerar a la necesidad de mantener un empleo en una corporación o gobierno que estafa a sus propios trabajadores? Si usted está endeudado por los créditos e hipotecas que tuvo que obtener para conseguir una casa, un auto o cosas normales de la vida, no puede dejar de trabajar aún cuando la corporación que le está empleando no le pague en término, altere unilateralmente sus contratos, no cumpla con sus obligaciones en materia previsional y cosas por el estilo.

En el mercado laboral de la actualidad, la forma en la que las personas se mantienen en sus puestos de trabajo a pesar de ser humillados diariamente por las corporaciones y por el estado no difieren prácticamente de las adicciones, porque los adictos saben que les hace mal pero no pueden dejarlo.

Entonces ¿por qué se juzga tan mal al juego? Al fin y al cabo, con la lotería al menos se tiene una posibilidad de ganar. Con la sociedad actual, eso no parece ser más la regla.





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