El Gea

Discurso sobre la actual crisis mundial (VIII).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Este es el lado oscuro del problema. Pero la realidad puede ser otra. Jamás en tan breve tiempo se han desarrollado tan gigantescas manifestaciones en todas partes del mundo y en tiempo verdaderamente récord, como ha ocurrido con la anunciada guerra contra Iraq.

Los gobiernos de los dos más importantes aliados de Estados Unidos, Gran Bretaña y España, han sido puestos en crisis; sus respectivas opiniones públicas, en abrumadora mayoría, están contra esa guerra. Si bien es cierto que Iraq cometió dos graves e injustificables hechos, como la invasión de Irán y la ocupación de Kuwait, también lo es que ese país fue sometido a durísimas acciones; cientos de miles de sus niños han muerto de hambre y enfermedades, durante años han sido sometidos a constantes bombardeos, y no está en capacidad militar de constituir el menor riesgo para la seguridad de Estados Unidos y sus aliados en la zona. Se trataría de una guerra absolutamente innecesaria, de oscuros propósitos, a la que el mundo se opone, incluida una parte importante del propio pueblo de Estados Unidos si no se realiza con la aprobación de la ONU.

La economía mundial, sometida a profunda crisis de la cual no ha podido recuperarse, sufrirá inevitables consecuencias y no habrá después seguridad ni tranquilidad para ningún país del planeta.

La opinión mundial protesta también y hasta puede afirmarse que por su propia seguridad y la de los demás pueblos del mundo. Estados Unidos no puede hacer la guerra para amedrentar al mundo con su poderío, probar nuevas armas y entrenar a sus tropas. Esa atmósfera se palpa en todas partes. De modo especial pude apreciarla en la reunión cumbre del Movimiento de Países No Alineados celebrada en Malasia.

Fue un evento serio, donde los jefes de Estado y Gobierno expresaron sus criterios con respeto en el lenguaje, sinceridad en sus señalamientos y gran sentido de responsabilidad. Mahathir dirigió los debates con orden, profundidad y eficiencia.

Y como es natural, con toda la prudencia que exige la dependencia casi total de los países del Tercer Mundo con relación a Estados Unidos y sus organismos financieros, ya que un disgusto suyo puede ser el fin de un gobierno o la desestabilización de su economía.


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