El Gea

Discurso en la clausura del V Encuentro sobre Globalización y Problemas del Desarrollo (VII).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Este pensamiento puede parecer a muchos demasiado simple y demasiado distante. Marx estudió el capitalismo en su primera etapa, que coincidió con el nacimiento de una nueva clase llamada a transformar aquella sociedad, que inevitablemente devino explotadora y despiadada, y dar paso a una nueva época y a un mundo justo. Cuando tales puntos de vista sustentó, no existían siquiera la electricidad, el teléfono, los motores de combustión interna, los barcos modernos de gran velocidad y capacidad de carga, la química moderna, los productos sintéticos, los aviones que cruzan el Atlántico con cientos de pasajeros en cuestión de horas, la radio, la televisión, las computadoras. Se libró de la terrorífica visión de la forma irresponsable en que la técnica moderna ha sido utilizada por el hombre para destruir bosques, erosionar la tierra, desertificar cientos de millones de hectáreas de suelo fértil, sobreexplotar y contaminar los mares, liquidar especies vegetales y animales, envenenar el agua potable y la atmósfera.

Marx, que elaboró su teoría en las condiciones de Inglaterra, el país más desarrollado de la época, no planteó la necesidad de una alianza obrero?campesina, ni pudo percibir todavía el colosal problema que sobrevendría del mundo colonial de aquel entonces, algo que Lenin, su genial discípulo, siguiendo la línea de su pensamiento en las circunstancias especiales del Imperio Ruso, descubriría y profundizaría después.

En época de Marx, que observaba el desarrollo acelerado de la revolución industrial inglesa y la incipiente industrialización de Alemania y Francia, nadie habría sido capaz de prever, salvo que asumiese una actitud de adivino, algo tan ajeno a su carácter, el papel que vendría a desempeñar Estados Unidos de Norteamérica apenas 60 años después de su muerte.

Mientras Malthus sembraba el pesimismo, él alentaba la esperanza.

En aquel tiempo la geografía del planeta y las leyes que rigen la biosfera -tierras, bosques, mares y atmósfera- eran poco conocidas. Muy poco se sabía del espacio. No existía la teoría de la relatividad ni se había escrito una palabra sobre la gran explosión, el "big bang".


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