Fidel Castro Ruz

Comparecencia en Mesa Redonda sobre acontecimientos cubanos (XXIX).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

25 de abril de 2003 - (Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Se atendió el caso de común acuerdo y coordinando esfuerzos -entre ambas partes.

Cason fue al aeropuerto. Por primera vez él y Dausá, Director del Departamento de América del Norte del MINREX, fueron aliados durante dos horas en el intento baldío de persuadir al secuestrador.

A partir de las 4:00 de la mañana todo quedó a cargo de las autoridades cubanas, que constantemente informaron a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba la evolución de los acontecimientos. Se logró obtener la liberación de 22 rehenes para cargar de combustible la nave con suficiente radio de acción para aterrizar en Alabama o Atlanta y no en el feudo extremista de la Florida.

Primero parecía un imposible por el combustible que podía cargar la nave repleta de personas. Luego pudo serlo al bajar a 22 de los rehenes. Así se comunicó a la Oficina de Intereses. Abastecer de combustible el AN-24 no constituía problemas si las autoridades de Estados Unidos actuaban con la seriedad prometida y permitían el regreso de la nave, la tripulación y los pasajeros restantes.

Al parecer, el asunto se discutió en altas esferas.

En la mañana del lunes, durante cinco horas se esperó la respuesta de Cason, que a su vez esperaba la decisión del gobierno. El compromiso con el hombre de la granada -el que habíamos hecho-, después de la salida de las 22 personas, era abastecer el avión y que despegara a las 11:00 a.m. El jefe de la SINA solicitó 40 minutos más. Esperando la respuesta; ya, desde luego, se conocía que el avión tenía combustible para aterrizar en otro Estado. Se logró dilatar la salida durante 55 minutos hasta casi las 12:00 del día. No había todavía respuesta. Cuando ésta llegó, el avión estaba en el aire. La absurda y estúpida decisión fue que el AN-24 aterrizara en Cayo Hueso. Allí se repitió la historia: brutal maltrato y humillación a los pasajeros, privilegios para cómplices, mano de seda con el secuestrador, avión confiscado, retención de la tripulación. ¡Era un asco!

Prevalecieron Otto Reich y la mafia floridana. De eso no culpo a Whitaker ni al subordinado de Otto Reich. Cason se mostró cuerdo y sensato al menos por 24 horas.

La noticia de que el avión secuestrado había sido abastecido para seguir viaje tuvo el nefasto efecto que se trataba de evitar: una segura ola de secuestros violentos de naves aéreas y marítimas de pasajeros.


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