Fidel Castro Ruz

Comparecencia en Mesa Redonda sobre acontecimientos cubanos (XXX).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

25 de abril de 2003 - (Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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2 de abril del 2003

No habían pasado 24 horas de lo referido anteriormente y a la 1:40 de la madrugada el Ministerio del Interior informa que se acaba de conocer por su Centro de Dirección del MININT que la lancha "Baraguá", estaba saliendo por la boca de la bahía, que llevaba pasajeros sin precisarse cantidad, y que todo parecía indicar que había sido secuestrada.

El Ministro del Interior indicó que se le diera seguimiento con el patrullero 040 de Tropas Guardafronteras y que una lancha rápida se incorporara al seguimiento.

La embarcación secuestrada navegaba hacia el norte a 6 nudos por hora.

A las 3:00 a.m. los secuestradores comunican por radio que llevan a bordo unas 50 personas, entre ellas de 6 a 8 niños y de 5 a 6 extranjeros y exigen se les sitúe una embarcación para continuar viaje hacia Estados Unidos. De lo contrario, comenzarían a lanzar rehenes al mar.

Por primera vez se hace una exigencia de ese tipo. Ya nada más faltaba que secuestraran un camello, les pusieran el cuchillo en la garganta de algunas personas y exigieran dirigirse a Boyeros y buscarse un avión para dirigirse a Estados Unidos. Es absolutamente claro, que eso es sencillamente inconcebible.

A las 11:45 a.m. la lancha "Baraguá", diseñada para navegar en aguas interiores, agotó su combustible, quedando al pairo a 30 millas de la costa en mar fuerza 4, con grave riesgo de volcarse y provocar la muerte de las 40 personas que realmente iban a bordo de la nave, de ellos 29 rehenes incluidos mujeres y niños.

A las 2:32 p.m., las fuerzas de Guardafronteras logran atar la proa de la embarcación secuestrada, salvándola del peligro de naufragar, conduciéndola en dirección al puerto de Mariel. Los secuestradores, que aceptaron la operación de rescate, mantuvieron una actitud sumamente agresiva, amenazando con asesinar a los rehenes si no se les suministraba combustible al llegar a puerto. Colocaban los cuchillos en la garganta de varias mujeres cada vez que demandaban algo. Solo 40 horas después del secuestro, con la cooperación de los propios rehenes, que se lanzaron al agua, pudieron ser rescatados todos ilesos. No fue necesario el abordaje de la nave, lo que se utilizaría como último recurso.


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