Fidel Castro Ruz

Comparecencia en Mesa Redonda sobre acontecimientos cubanos (XXXVII).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

25 de abril de 2003 - (Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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No es que fuéramos felices al aplicar la pena de muerte. Mirábamos desde ese ángulo como una cuestión de vida o muerte. Por lo general, los que participan en esas contiendas parten del principio real de que es una batalla de vida o muerte. Si los revolucionarios no se defienden, su causa es derrotada y tienen que pagarlo con sus vidas. (En este caso pudiéramos decir de las vidas de millones de personas en este país, combatiendo, o asesinados después). Eso para nosotros era una idea clara. Y en nuestro proceso lo vimos y lo aprendimos. Muchos de los que estaban en actividades terroristas no estaban pensando derrotar ellos la Revolución. Todos vivían con la convicción de que Estados Unidos y su fuerza militar serían los que derrotarían la Revolución. Los contrarrevolucionarios tenían la convicción de que su causa triunfaría por una razón o por otra, en este caso muy especial porque la lucha era contra Estados Unidos. Para ellos la cuestión era hacer un poco de méritos; estar en las prisiones no les preocupaba mucho, ni los desalentaba. Esperaban la intervención de los norteamericanos para derrotar la Revolución. ¿Cómo podíamos frenarlos? Hay mucho mercenarismo en los contrarrevolucionarios; defienden intereses, no ideas. Afortunadamente no teníamos que luchar contra fanáticos de ideas o de causas. Tuvimos el privilegio de luchar contra gente que estaba movida principalmente por ambiciones de tipo material, de tipo económico y de tipo social. (Recuerden aquel caballero que juró allí después del golpe de Estado del 11 de abril en Venezuela, y por poco lo agarran preso los mismos escoltas de Chávez que estaban todavía ahí, porque mantuvieron la guarnición que allí había; creían que eran soldaditos de plomo, que aquellos no eran seres humanos). De los fanáticos no habríamos podido librarnos; yo sí que no hubiera salido vivo de los cientos de planes de atentados que elaboraron contra mí. Una vez me tuvieron delante una cámara como esa (hasta más cerca) -que nos filmaba-, tenía dentro una ametralladora, cuando visité Chile en 1971, (en una conferencia de prensa). Ellos seguramente iban a morir allí si disparaban con aquella arma. Pero cuando la vida está en peligro no disparan.

Los que creían que cometiendo actos de terrorismo y matando gente, asesinando maestros, sacrificando vidas de campesinos y vidas de soldados que constituyen nuestra fuerza, con la esperanza de tener después un premio, temían a la muerte. Por ello los delitos más graves eran sancionados con la pena capital. Ese era el pensamiento prevaleciente. Se fue librando, se fue ganando aquella batalla, y de hecho, por motivaciones de tipo contrarrevolucionario, hace muchos años que no se aplica. El último plan de atentado fue en la reunión aquella de Panamá, organizado y dirigido por Posada Carriles, el autor de la voladura del avión de Barbados.

El escritor.- ¿En la reunión de la Cumbre Iberoamericana?

Fidel Castro.- Sí, y lo capturaron.


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