Fidel Castro Ruz

Discurso por el aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba (VII).

Por Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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¿Buscando empleo?

Fue tanta la demanda de fuerza de trabajo, que de las ciudades fue necesario movilizar durante muchos años contingentes considerables de hombres y mujeres hacia las actividades agrícolas, constructivas y de producción industrial, que sentaron las bases del extraordinario desarrollo social alcanzado por nuestra Patria al que me referí antes.

Hablo como si el país hubiese sido un remanso de idílica paz, como si no se hubiesen producido más de cuatro décadas de riguroso bloqueo y guerra económica, agresiones de todo tipo, cifras masivas de sabotajes, actos de terrorismo, planes de asesinato y una interminable lista de hechos hostiles contra nuestra Patria en los que no quise poner el acento principal de este discurso para concentrarme en ideas esenciales de la actualidad. Baste decir que solo las tareas de la defensa requirieron el empleo permanente de cientos de miles de hombres y cuantiosos recursos materiales. La durísima batalla fue curtiendo a nuestro pueblo, le enseñó a luchar simultáneamente en muchos difíciles frentes, a hacer mucho con muy poco y a no desalentarse nunca ante las dificultades.

Prueba decisiva fue su conducta heroica, su tenacidad y su inconmovible firmeza cuando el campo socialista desapareció y la URSS se desintegró. La página que entonces escribió, cuando nadie en el mundo habría apostado un centavo por la supervivencia de la Revolución, pasará a la historia como una de las más grandes proezas que se haya realizado nunca. Lo hizo sin haber violado uno solo de los principios éticos y humanitarios de la Revolución, pese a los alaridos y calumnias de nuestros enemigos (Aplausos).

El Programa del Moncada se cumplió y sobrecumplió (Aplausos). Hace rato que vamos en pro de sueños mucho más elevados e inimaginables.

Hoy se libran grandes batallas en el campo de las ideas y nos enfrentamos a problemas asociados a la situación mundial, quizás la más crítica que haya vivido la humanidad. A ello debo dedicar ineludiblemente una parte de mi discurso.

Hace varias semanas, a principios de junio, la Unión Europea aprobó una infame resolución, elaborada por un grupito de burócratas, sin análisis previo de los propios Ministros de Relaciones Exteriores, e impulsada por un personaje de estirpe e ideología fascistas: José María Aznar. La misma constituyó un acto cobarde y repugnante, que se sumaba a la hostilidad, las amenazas y peligros que implica para Cuba la política agresiva de la superpotencia hegemónica.


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