Fidel Castro Ruz

Discurso por el aniversario 30 de la Misión Militar cubana en Angola y el aniversario 49 del desembarco del Granma, Día de las FAR (III).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Un pequeño grupo de ellos, en los primeros días de noviembre, junto a sus bisoños alumnos del Centro de Instrucción Revolucionaria de Benguela, enfrentó valientemente al ejército racista. En el sorpresivo ataque y desigual combate de los sudafricanos contra decenas de jóvenes angolanos que murieron, ocho instructores cubanos perdieron la vida y 7 resultaron heridos.

Los sudafricanos perdieron seis carros blindados y otros medios. Nunca revelaron la cifra de las cuantiosas bajas sufridas por sus soldados.

Por primera vez, en ese apartado punto de la geografía africana, la sangre de cubanos y angolanos se unió para abonar la libertad de aquella sufrida tierra.

Fue en ese momento cuando Cuba, en coordinación con el presidente Neto, decidió el envío de tropas especiales del Ministerio del Interior y unidades regulares de las FAR en completa disposición combativa, trasladas por aire y mar para enfrentar la agresión del apartheid. Sin vacilar aceptamos el reto. Nuestros instructores no serían abandonados a su suerte, ni tampoco los abnegados combatientes angolanos, y mucho menos la independencia de su patria, tras más de 20 años de heroica lucha. A diez mil kilómetros de distancia, tropas cubanas herederas del glorioso Ejército Rebelde entraban en combate con los ejércitos de Sudáfrica, la mayor y más rica potencia en ese continente, y contra Zaire, el más rico y bien armado títere de Europa y Estados Unidos.

Se iniciaba lo que dio en llamarse Operación Carlota, nombre en clave de la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de nuestro país.

El imperio no pudo alcanzar sus propósitos de desmembrar Angola y escamotear su independencia. Lo impidió la heroica y larga lucha de los pueblos de Angola y de Cuba. Hoy sabemos mucho más que entonces cómo pensaban y actuaban las autoridades de Washington, por los documentos oficiales desclasificados en los últimos años.

En ningún momento el Presidente de Estados Unidos ni su poderoso secretario de Estado, Henry Kissinger, ni los servicios de inteligencia de ese país, imaginaron siquiera como una posibilidad la participación de Cuba. Nunca un país del Tercer Mundo había actuado en apoyo de otro pueblo en un conflicto militar más allá de su vecindad geográfica.

A finales de noviembre la agresión enemiga había sido detenida en el norte y en el sur. Unidades completas de tanques, abundante artillería terrestre y antiaérea, unidades de infantería blindada hasta nivel de brigada, transportadas por buques de nuestra Marina Mercante, se acumulaban rápidamente en Angola, donde 36.000 soldados cubanos iniciaron una fulminante ofensiva. Atacando por el sur al enemigo principal, hicieron retroceder al ejército racista sudafricano más de 1.000 kilómetros hasta su punto de partida, la frontera de Angola y Namibia, enclave colonial de los racistas. El 27 de marzo el último soldado de Sudáfrica abandonó el territorio angolano. En la dirección norte, en pocas semanas las tropas regulares de Mobutu y los mercenarios fueron lanzados al otro lado de la frontera con Zaire.


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