Norma Risso - Investigadora Asociada - Andinia.com.

Exiliados Políticos Argentinos en la España de los '70 (X)

Por Norma Risso
Lic. Ciencias de la Educación 
Lic. en Comunicación Social


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2. La Solidaridad de los españoles: una sociedad con los brazos abiertos

Pero para muchos, quizás para la mayoría de los inmigrantes argentinos, la llegada a España no fue traumática. Venían de una situación de extrema peligrosidad, de ciudades en las que era tan peligroso andar por las calles como quedarse en las casa; donde no era posible reunirse en un bar a tomar algo sin correr peligro de perder la libertad o hasta la vida, de la forma más casual y sin que mediara aviso.

"... recuerdo que habíamos quedado con una amiga en un café de Sarmiento y Bulnes, cerca de la casa de mi mamá; yo estaba de vuelta del Uruguay para ver qué pasaba y si era posible retornar a instalarnos. De pronto veo que avanzaba un tipo entre las mesas pidiendo documento, se parecía de lejos a Norman Brisky y yo, inocente, me creí que filmaban una película... fuimos todos a parar a un colectivo que nos esperaba en la puerta y de ahí a la Federal derechito ... salí en libertad, pero sentí que había sido un aviso, no podíamos seguir así, la próxima vez quizás no saliera ...". Alicia.

"... yo volvía de la escuela rural en la que trabajaba, en el 148, como siempre, pero ese día sube mi marido en la rotonda de Claypole. Él sabía la hora en que yo pasaba por ahí, venía de una reunión donde se organizaba la salida de unos compañeros para el exilio y decidió esperarme. Diez cuadras más adelante vemos un operativo conjunto; hombres abajo, mujeres en el micro, como era usual. Pero él, que venía cargado de papeles, antes de bajar, los saca del bolsillo interior del saco y me los guarda con toda naturalidad en el portafolio que yo llevaba sobre mis rodillas. Recuerdo todavía los ojos del milico de civil que se asomó y echó una ojeada, aunque luego se dedicó a revisar a los hombres que, con los brazos levantados contra el colectivo, lo esperaban abajo. Mientras tanto, un policía de la provincia, con uniforme y arma al cinto, nos pedía los documentos y preguntaba de dónde veníamos y a dónde íbamos, a las pocas mujeres que quedábamos arriba: Yo estaba en el primer asiento, tenía 22 años, el pelo largo y con una hebillita sujetándolo arriba, supongo que el guardapolvo blanco y la escarapela (era la Semana de Mayo y siempre fui muy patriota), me daban el perfecto aire de abnegada maestrita rural, porque como no lograba encontrar el DNI dentro del portafolio, el cana pasa y me dice: "deje señorita, deje, supongo que viene de la escuela". No me alcanzaron las palabras para darle todo tipo de detalles y con una sonrisa cerrar el portafolio.¡Creo que nunca me volvía a sentir tan satisfecha de ser una maestra rural!..... pero ése fue el aviso de que hasta aquí habíamos llegado...". Isabel.

Entonces, haber llegado a Madrid o a Barcelona, era como volver a nacer, como despertarse de una pesadilla y ver que todo estaba bien. Los españoles vivían la euforia de la libertad recuperada con la muerte de Franco y recibían a los argentinos con simpatía , tratando de ayudarlos en todo lo que se pudiera.


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