Fumar no es un derecho, es un lujo


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Federico Ferrero

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Directa o indirectamente los fumadores parecen exigir a la sociedad que considere a su actividad adictiva un derecho adquirido. Sin embargo, nada es más lejano de la realidad sanitaria o jurídica que considerar al fumar un derecho, por varias razones que pasamos a explicar en este artículo.

Descansar puede ser un derecho, también respirar aire puro. Es un derecho no ser explotado en el trabajo, es un derecho ser libre. Así podríamos seguir enumerando lo que más o menos todos consideramos derechos humanos indiscutibles, ya sea de nacimiento o a través de la lucha diaria, ya que es posible que nadie tenga ningún derecho si no se lo gana, como diría Ortega y Gasset.

En cualquier caso, los derechos tienen que ver con la posibilidad de vivir saludable y naturalmente, desarrollarse individual y socialmente, tener libertad para decidir y actuar en consecuencia, siempre y cuando no limitemos con esto los derechos de los demás. ¿Podría el acto de fumar incluirse entonces como un derecho humano? Pensemos:

Fumar perjudica la salud del que decide fumar, y también del que (aunque no lo haya decidido) fuma indirectamente por ello (fumador pasivo).

Fumar no es algo imprescindible para la vida, más bien al contrario.

Fumar contamina el medio ambiente.

Fumar puede ser una actividad social, pero no es algo necesario para desarrollarse socialmente.

Fumar no es algo que todos hacen, y por tanto no puede considerarse una acción universal.

Fumar, si quiere evitarse pero se sigue haciendo, no es precisamente una forma de ejercer la libertad... (al respecto, leer aquí).

En resumen, de todo esto puede concluirse que:

El fumar no ayuda al desarrollarse individual ni socialmente, perjudica a la libertad de terceros que no eligen fumar y es contrario a la ecología, por lo que no puede en ningún caso considerarse un derecho humano.

Pese a lo anterior, la adicción al tabaquismo, suele ser considerada cada vez más un derecho tácito, al darse tiempo para fumar cigarrillos en muchos trabajos (en detrimento del que no fuma), al no preguntar si se puede fumar delante de otra persona, etc.

Pero si tenemos en cuenta además que:

Fumar cuesta dinero.

Fumar causa problemas de la salud (cuesta más dinero).

Fumar perjudica al medio ambiente (cuesta más dinero).

Fumar está gravado, en general, con muchos impuestos (cuesta más dinero) o es de mala calidad, y por eso cuesta poco (¡pero cuesta más rápido la vida!).

Se deduce claramente que fumar es un LUJO que algunos pocos pueden permitirse, muchas veces a costa de otros que no lo han elegido.



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